¡Cuidado! ¡Pirañas en Itaipú! (por G.Codas)

¡Cuidado! ¡Pirañas en Itaipú!
Por Gustavo Codas

El gobierno Lugo, electo con la bandera de la soberanía energética, despertó esperanzas que fueron respondidas positivamente por el acuerdo con Lula del 25 de julio del 2009. Entretanto el gobierno Abdo asumió sin ninguna propuesta relevante, y provocó espanto e indignación con su primer acuerdo firmado, el Acta Bilateral con el gobierno Bolsonaro, del 24 de mayo de este año. ¿Qué explica esa diferencia? Para nosotros la respuesta es el nuevo papel de las pirañas que acechan en Itaipú y que no están en el agua del río.

El espanto fue diferido por dos meses porque la firma se realizó a escondidas y la implementación de lo acordado solo no avanzó porque el cuerpo técnico de la ANDE opuso resistencia, haciendo que la salida de su presidente Pedro Ferreira fuera un hecho político y no “por motivos personales”. Aún hay mucho que aclarar sobre lo acontecido en esta materia desde que el actual gobierno asumió hace menos de un año. Sobre todo, en cuanto a responsabilidades político-personales y a motivaciones en lo actuado.

En nuestro país lo que más ha concitado la polémica es el perjuicio que ANDE sufriría en sus finanzas de aplicarse lo decidido en el Acta Bilateral. Y se entiende, porque obviamente tendrá como impacto un incremento importante de la tarifa que ANDE deberá pagar a Itaipú y que que la ANDE tendrá que cobrar por su vez al consumidor paraguayo.

A la gente del sector eléctrico llamó la atención que el Acta avanzara de manera arrolladora en una reivindicación de Eletrobras de que el “deplecionamiento” (*) para obtener más energía en el momento que el sistema eléctrico brasileño lo necesite, ahora fuera decisión apenas de los dos directores técnicos de Itaipú. Antes involucraba pedido de Eletrobras, anuencia de ANDE y estudio técnico que debía pasar por aprobación del Consejo de Administración – porque se trata de analizar las consecuencias que ese procedimiento puede tener en términos ambientales para la región y en términos de producción de energía para la usina –. Y, como era la reivindicación del gobierno Lugo, habría que discutir también cómo distribuir los beneficios adicionales de esa operación excepcional.

Pero, así como el Acta estuvo oculta por dos meses, la gran polémica que estuvo por detrás de la negociación no aparecía en el debate porque el “punto 6” fue borrado del documento (**). Es aquí donde aparecen las mordidas de las referidas pirañas.

El tema necesita de una pequeña explicación de antecedentes. Hasta ahora el uso por Brasil de la energía paraguaya de Itaipú se da por reglas establecidas en el Tratado, sus Anexos y en decretos y leyes vigentes en Brasil desde los años 1970 y que fueron actualizadas en la década del 1990. La energía de Itaipú entra con prioridad al sistema eléctrico integrado del Brasil, con la tarifa definida en el Consejo de Administración de Itaipú, siendo que el Brasil paga un plus por la parte paraguaya de esa energía, la “compensación por cesión de energía”, al Paraguay.

Desde el acuerdo Lugo-Lula se abrió la posibilidad de que la ANDE contrate parte de la energía paraguaya de Itaipú y la comercialice directamente – o a través de terceros – en el mercado eléctrico brasileño. Estábamos entrando en un periodo de transición entre las reglas aún vigentes y las que habrán de regir con la renegociación del Anexo C. Esa fue la situación propiciadora del aparecimiento de las pirañas.

El mercado eléctrico brasileño, desde las reformas neoliberales de los años 1990, tiene un fuerte componente especulativo y financierizado. Y además de las grandes empresas generadoras, de transmisión y de comercialización, hay una serie de empresas pequeñas que bregan por entrar en la compra-venta para ganar con los márgenes que están disponibles por las oscilaciones de precios. Son conocidas en el medio como las pirañas del mercado eléctrico brasileño.

En el 2008-9 estas acechaban las negociaciones que estaban siendo realizadas, pero la orientación estrictamente estatista y nacionalista que orientaba a la bancada negociadora encabezada por Jorge Lara Castro, como vice-canciller, y Ricardo Canese, como coordinador de la Comisión de Entes Binacionales de la Cancillería, ambos con apoyo del presidente Lugo, impedían su irrupción en las negociaciones. Es así que las pirañas solo consiguieron acceso a miembros de la dirección paraguaya de Itaipú que en 2008-9 defendían otra línea de negociación con Brasil, y que fue descartada por Lugo.

Las pirañas del sector eléctrico brasileño son conocidas en el vecino país. Tienen sus “lobbistas” actuando permanentemente, pero en Paraguay eran novedad. Supimos de su existencia en el 2008-9, y recién ahora irrumpieron en la escena pública paraguaya.

La cláusula del acuerdo del 2009 que le permite a la ANDE vender directamente al mercado brasileño era parte de una reivindicación histórica, porque permitirá vender por precio de mercado (el “precio justo”) y no más “ceder” por tarifa+compensación. Es decir, se trata de un paso importante en la conquista de la soberanía energética paraguaya. Pero trae nuevos desafíos para los cuales debemos estar preparados.

Ese mercado – contrariamente a lo que se oyó en algún debate público en estos días – no es igual a comprar-vender tomates. Como los mercados de energía con importante participación de empresas privadas en la generación, transmisión y comercialización no lo son.

Las reglas, riesgos y oportunidades del mercado brasileño son un terreno desconocido para el Paraguay. Tenemos hoy un consenso nacional de que el actual modelo de “cesión” es perjudicial al país, pero ¿cuál modelo de “venta” al Brasil consideramos que sería benéfico para el Paraguay?

Es eso lo que está en debate en esta crisis. El espanto paraguayo vino acompañado por la sorpresa de analistas brasileños, aunque talvez no por los mismos temas. Dicen los periodistas brasileños especializados en estas cuestiones que estas negociaciones Abdo-Bolsonaro son las primeras en las que las pirañas participan directamente de la mesa negociadora. Antes acechaban. Hacían lobby. Ahora con Abdo y Bolsonaro escriben el acuerdo codo a codo con diplomáticos y técnicos del sector.

La puja en torno a (escribir o borrar) el “punto 6”, opinan esos periodistas, parece que fue entre dos grupos de pirañas. Uno de ellos ganó por motivos obvios. Contaba con apoyo en lo más alto de las Altas Partes Contratantes. El otro grupo, el por ahora perdedor, cuya estrategia fue borrada del Acta, en Paraguay estaría agazapado provisoriamente en la trinchera patriótica.

Quien salvó la situación por ahora es gente de la gerencia técnica de ANDE. Su punto de partida ha sido defender la empresa pública como uno de los últimos bastiones del interés nacional frente a los intereses privados que quieren carnear y privatizar el sector eléctrico paraguayo.

Pero esa perspectiva no es suficiente. Estamos desde el 25 de julio del 2009 en una transición de modelos que debe culminar con la renegociación del Anexo C. La comercialización de la energía paraguaya de Itaipú Binacional en el mercado eléctrico brasileño es un negocio multimillonario que está siendo abierto sin que en Paraguay haya una discusión sobre quién se va a beneficiar con el modelo que será implementado. O cuáles son los modelos posibles y sus respectivos beneficios y riesgos.

El Paraguay sale de la maldición de la “cesión de energía” para entrar en un mercado donde acechan pirañas. Y el poder de éstas será mayor dependiendo de por cuál modelo de venta opten las autoridades paraguayas. Comenzamos mal. Con pirañas decidiendo la redacción del Acta del 24 de mayo pasado.

Notas

(*) Itaipú es una hidroeléctrica “a filo de agua”, es decir, todo el año opera con un nivel de agua en su reservorio (216 metros sobre el nivel del mar) que oscila poco. Agua que llega del Paraná y otros afluentes al lago se usa en las turbinas para producir electricidad o, si viene en exceso en relación a lo necesario para la generación en el momento, se tira por el vertedero en un espectáculo que puede ser apreciado por los turistas pero desperdicia hidroelectricidad. Cuando en situaciones críticas en el lado brasileño hay falta de energía eléctrica, Eletrobras solicita “deplecionar”, o sea, usar agua en cantidades que resultan en una reducción excepcional del nivel del lago para suministrar la energía que falta en el sistema eléctrico brasileño. Ese término (que no existe en la RAE) usado en castellano es una adaptación de la palabra portuguesa “depleção” que significa “ato ou processo de extração de um fluido”.

(**) Según dijo Pedro Ferreira el “punto 6” integraría un conjunto de medidas que podrían compensar las pérdidas de la ANDE con la nueva modalidad de contratación establecida en el Acta. La divergencia entre quienes quisieron incluir y los que finalmente borraron el “punto 6” era la modalidad de venta. Tan es así que la puerta quedó abierta, si no, leamos que en el Acta Bilateral se dice en el punto 1. que “La ANDE, o las empresas por ella indicadas, celebrarán contrato con Itaipu, …” Lo que dan a entender las versiones hasta el momento disponibles es que había dos modalidades en disputa: o alguna forma de adjudicación directa a la empresa favorita “A”, o una licitación con cartas marcadas a favor de la empresa favorita “B”. Como dijimos al comienzo, hay todavía mucho que deben explicar los negociadores oficiales, oficiosos e informales para despejar aspectos poco claros en su actuación,  y así permitir a la ciudadanía formarse una opinión definitiva.

PD (07.08.2019) Vean que en el propio Tratado Art. XIV hay una formulación que abre para posibilidades tales: “La adquisición de los servicios de electricidad de la Itaipu será realizada por la ANDE y por la ELETROBRAS, las cuales podrán hacerlo por intermedio de las empresas o entidades paraguayas o brasileñas que indiquen”. (pág. 68 de Documentos Oficiales de Itaipu 2003, libro publicado por Itaipu Binacional)

 

 

 

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Contrarrevolución en Brasil: “Gramsci” y “Weber” en los trópicos (por G.Codas)

(capítulo del libro “Más allá de los monstruos”,
coord. por Katu Arkonada y Matias Caciabue, UniRio Ed., 2019, descargar en
http://www.unirioeditora.com.ar/producto/mas-alla-los-monstrous/ )

La contrarrevolución en Brasil.
Una aproximación latinoamericana
Por Gustavo Codas (1)

En Brasil, los liberales son fascistas de vacaciones”
Alipio Freire, São Paulo, 1984

La reciente elección de Jair Bolsonaro para presidente de Brasil en octubre 2018 se suma a la de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en 2016, en lo que parece indicar un giro reaccionario en la coyuntura hemisférica e internacional. En este artículo se analiza la política brasileña desde una perspectiva latinoamericana. Su conclusión es que en un capitalismo en profunda transformación y crisis, hay un impasse de la hegemonía neoliberal al que el gran capital responde con estrategias neofascistas. En Brasil eso se tradujo en una crisis del régimen político fundado treinta años atrás por la Constituyente de 1988. Eso es señal de debilidad, no de fortaleza, de la estrategia del capital. A depender de la respuesta de las izquierdas.

El principal resultado político de la elección brasileña del 2018 no fue la derrota del PT. Su candidato, Lula, no pudo asumir la postulación porque una maniobra judicial lo quitó de la corrida, lo metió preso y para evitar que ayude al que lo substituyó, le prohibió dar declaraciones públicas durante la campaña. Según todas las encuestas – todas! – si Lula hubiera sido el candidato, tenía las mayores chances de ganar la puja. El PT fue derrotado estrategicamente en 2015-16, lo ocurrido en 2018 fue apenas su corolario político electoral.

El resultado más impactante fue la derrota de las fuerzas de centro y centro-derecha del espectro político brasileño. Esas gobernaron desde la transición democrática en mediados de los años 1980 hasta el final del ciclo neoliberal en 2002. Después, su principal representante, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) fue derrotado en cuatro oportunidades por el PT (dos veces con Lula, 2002 y 2006, dos con Dilma, 2010 y 2014). Esas fuerzas de centro-derecha solo llegaron al comando de la Nación gracias al golpe de estado del 2016 que llevó al que fuera vice de Dilma, del Movimiento Democrático Brasileño (MDB), a la titularidad en una maniobra liderada por el PSDB para quitar al PT del gobierno. Lo nuevo ahora es que hasta 2018 la extrema derecha tenía que mimetizarse en el centro y centro-derecha. Ahora los lidera.

Quien despertó al monstruo fueron los derechistas moderados. En 2010 el candidato del PSDB José Serra, para intentar derrotar a Dilma, agitó la agenda ultraconservadora antiabortista. No lo consiguió. En 2014, Aecio Neves, del mismo partido, enfrentó la reelección de Dilma denunciándola como parte de una organización criminal y no un partido político. Derrotado buscó primero medios legales para desconocer el resultado. Después impulsó todo tipo de boicot para impedir que gobernara.

Hubo una quiebra del pacto impulsado en la transición democrática de la década de 1980. Por primera vez desde 1989, cuando las elecciones democráticas volvieron al Brasil, las fuerzas derrotadas no aceptaban el resultado. Accionaron al Poder Judicial, la policia federal, la fiscalía, el Congreso Nacional, los medios de comunicación de masas, las organizaciones patronales, que junto con movilizaciones callejeras, primero bloquearon la capacidad de acción del gobierno Dilma y en seguida dieron un golpe de estado exitoso manipulando la figura constitucional del “impeachment” (juicio político).

El golpe fue posible porque en 2015-6 se combinaron dos factores. Una campaña orientada a desgastar al PT y sus líderes bajo la acusación de corrupción. La misma se había iniciado em 2006 y venía en aumento. Pero partir de 2014 llegó a un punto de saturación con lo que se conoció como “Operación Lava Jato” buscando llegar directamente a Lula. Y aunque no consiguieron pruebas, lo condenaron con base a “convicciones”.

El otro factor fue la desestabilización económica provocada por las presiones de los capitales y por una mayoría reaccionaria formada en la Cámara de Diputados. A finales de 2014 el intento de Dilma de aplacar al capital y a la derecha nombrando a un Chicago Boy ministro de Hacienda tuvo el efecto contrario: les animó a ir hasta el final que veían cercano. Y junto a la mayoría de la población que acababa de votarle provocó el quiebre de expectativas,. Le habían apoyado justamente porque en su mandato se había hecho lo contrario a las recetas neoliberales – se había defendido el empleo, la salud y educación públicas, las empresas estatales, la soberanía nacional, etc. Esa reversión provocó una caída a pique de la imagem de la presidenta.

La derrota del PT ocurrió en 2015. Se consumo en el golpe de estado en 2016 y se tradujo en la prisión y impedimento de la candidatura Lula en 2018. Hubo un cambio de régimen político. En una democracia bajo estado de excepción en los hechos, las fuerzas democrático populares no podían ganar elecciones a nivel nacional. Hubo una ausencia de estrategia por parte del PT y las izquierdas capaz de enfrentar la ofensiva de la derecha.

Ocurrió en Brasil el llamado fin del “ciclo progresista”? Hay que matizar el análisis. Bajo la superficie de la normalidad del calendario electoral hubo una crisis de régimen político. Y esa crisis plantea una encrucijada que se expresó en las intenciones de voto por Lula y Bolsonaro, con un sector expresivo que al no poder votar por el primero, votó al segundo, con la idea de ser “el voto antisistema”. Ganó la extrema derecha, pero podría haber ganado la izquierda. Fue victoriosa la primera sin un proyecto articulado ni previamente legitimado. Lo tratará de hacer sobre la marcha. Podría haber ganado el petista con un proyecto en impasse. Es difícil prever lo que hubiera hecho desde la presidencia y cómo.

Sobre los escombros del Estado fundado en la transición democrática treinta años atrás la extrema derecha victoriosa electoralmente está buscando impulsar una constituyente de facto, sin participación popular. Buscarían la transformación del régimen brasileño en Estado policiaco, bajo el comando del ex-juez Sergio Moro, lo que sería suficiente para su cruzada contra las izquierdas y los movimientos sociales, mientras implementan su programa económico ultraliberal.

Sobre ese mismo escenario en ruinas de la República qué hubiera hecho Lula? En la plataforma que fue preparada por el partido para su candidatura, bajo su supervisión, se afirmaba que su victoria abriría un proceso constituyente (2), con amplia participación popular, para la transformación democrática. De hecho, su victoria habría provocado un estruendo político-social y abierto un escenario de múltiples posibilidades, para avanzar en una revolución democrática – como pregonaba su programa desde la campaña desde 1994 y cuyo horizonte se perdió con la gestión de gobierno después de 2003. Con la derrota electoral de las izquierdas lideradas por el PT la urgencia política ahora es otra: la resistencia democrática y popular frente al neofacismo que se apoderó de casamatas importantes del Estado brasilero y cuyo discurso tiene eco en sectores amplios de la población, incluso entre los pobres .

En este artículo seguidamente analizamos primero la estrategia de la extrema derecha que resultó victoriosa. Después se vuelve sobre los pasos de la izquierda desde la preparación de la victoria de la candidatura Lula en 2002 para entender sus principales impasses. Para, finalmente, discutir los desafíos para una contraofensiva progresista.

La larga marcha “gramscista” de la extrema derecha

La construcción del bloque de extrema derecha brasileña, el bolsonarismo, aunque tiene ribetes de golpes de suerte, es resultado de una larga construcción que no había sido detectada correctamente, aunque desde el 2013 ya era parte del paisaje político nacional (3).

Consiste en la confluencia de las siguientes vertientes políticas: políticos y pastores evangélicos fundamentalistas (bancada de la “biblia”); nuevos grupos de extrema derecha que impulsados con dinero de fundaciones ultraliberales norteamericanas ganaron espacios públicos desde la crisis política del 2013; fuerzas identificadas con agentes de seguridad del estado (bancada de la “bala”), que operan en las orillas de la ley, cercanos a escuadrones de la muerte y algunos casos a “milicias” (policías que disputan negocios ilegales con los narcos); diputados y líderes gremiales del agronegocio capitalista (bancada del “buey”); a los que finalmente se les sumaron militares en la activa y de la reserva que reivindican un relato nacional-patriótico de las intervenciones de las Fuerzas Armadas en la política, notadamente durante la dictadura de 1964-85.

Además de esos sectores, hay que destacar que cuando en 2018 los CEO de grandes empresas y los banqueros vieron que era la extrema derecha que podría derrotar al PT, abandonaron al candidato del PSDB, un político de centro-derecha, y se volcaron entusiastas a apoyar la candidatura de aquella con un argumento fuerte: solo un “Pinochet” (o sea, Bolsonaro) podría impulsar el programa económico que ellos cobraban se aplique (lo que la indicación de Paulo Guedes como superministro de economía les garantizaba).

Su cohesión en torno a Bolsonaro les viene de la certeza de que juntos son capaces de derrotar al PT y al bloque de izquierdas y de que con él en la presidencia podrán imponer lo fundamental de su programa sectorial.

Durante los años de gobiernos del PT (2003-2015) los fundamentalistas y el agronegocio tuvieron momentos de acercamiento con las administraciones de Lula y Dilma. Hubo acuerdos políticos donde el progresismo asimiló en parte agendas de esos sectores a cambio de que le dieran gobernabilidad en el Congreso Nacional o apoyos electorales. Pero la relación en la fundamental fue tensa.

Con los temas caros al fundamentalismo evangélico lo que abrió las puertas del infierno fue la mencionada campaña presidencial Jose Serra por el PSDB en 2010. Serra movió todo el escenario político hacia el moralismo cínico donde el fundamentalismo hace oficina. Curiosamente ese candidato estuvo anteriormente identificado con el sector más progresista del PSDB…

Pero la política brasileña entró a un nuevo ciclo con la elección presidencial de octubre del 2014, cuando Dilma obtuvo su reelección, por un margen estrecho pero claro. El PSDB inició una jornada inédita bajo democracia. Primero acusó que hubo fraude, pidió reconteo de votos. En seguida, trató que la Justicia Electoral no entregue el certificado a la vencedora. Finalmente, ya bajo el gobierno se alió a Eduardo Cunha un político evangélico corrupto que capturó la presidencia de la Cámara de Diputados, para bloquear todas las iniciativas del gobierno en el legislativo y boicotear su gestión económica (mismo cuando el ministro Chicago Boy impulsaba una medida que también estaba en la agenda del PSDB).

Desde junio de 2013 movilizaciones que comenzaron con un tinte popular – contra el aumento de los pasajes en la ciudad de S.Paulo – degeneraron en poco tiempo y abiertamente en acciones masivas de la derecha, aguijoneadas por la prensa y los partidos de derecha liderados por el PSDB. Fue en ese caldo que ganaron destaque regional y nacional grupos de extrema derecha que venían siendo trabajados con recursos de fundaciones norteamericanas.

El empujón final del bolsonarismo vendría, sin embargo, de un sector que estaba políticamente sumergido – las Fuerzas Armadas. Mirando retrospectivamente podemos apuntar a los siguientes momentos que llevaron a ese cambio de postura política de los militares. Antes de la primera victoria de Lula, en 2002, Sergio Coutinho, un general brasileño en situación de retiro, publicó un pequeño libro con el título de “La revolución gramscista en Occidente. La concepción revolucionaria de Antonio Gramsci en los Cuadernos de la Cárcel” (4). La idea que atraviesa el libro es que el “comunismo” fue derrotado entre los años 1960 y 1990 en el Brasil y el mundo. Pero contrariamente a lo que creyeron los victoriosos, el peligro solo cambió de estrategia. Adoptó lo que ellos denominan “gramscismo”. Coutinho lee a Gramsci en clave de estrategia militar de seguridad nacional. Se da cuenta que la misma lucha que los militares brasileños habían dado en la “guerra de movimientos” anterior contra el comunismo internacional, estaba ahora ocurriendo en “trincheras” de una “guerra de posiciones” que ellos no habían percibido y que estaban perdiendo!

El “comunismo” en vez de asaltar al Estado estaba “tomando trincheras” en las aulas de las universidades y colegios secundarios; en la sexualidad y en las costumbres; en el relato de la historia nacional y en la construcción de una noción de pueblo ajena a la historiografia nacional-patriótica de la oligarquia; en el cuestionamiento al derecho a la propiedad privada que resulta de la acción de los movimientos de Sin Tierra y Sin Techo; en la afirmación de derechos de las mujeres, de la población afrodescendiente, de los sectores LGTBI y de los pueblos originarios que entran en conflicto con tradiciones cristianas y nacionales, entre otras “trincheras” en disputa.

Pero en toda la primera parte de los dos gobiernos Lula (2003-06, 2007-10) el presidente decidió no interferir en los temas militares. Fue solo en un segundo momento en que acciones de Lula hicieron sonar la alarma. Las dos primeras probablemente tuvieron que ver con cuando desde el gobierno se promovió una total renovación del pensamiento militar brasileño con la aprobación de una nueva Estrategia Nacional de Defensa, Política Nacional de Defensa y Libro Blanco de Defensa (2008) en un contexto en que el Brasil estaba empeñado en contruir el Consejo de Defensa de UNASUR y sus herramientas – una escuela, una doctrina, una estrategia – para los doce países que la componían sin la presencia de los Estados Unidos, a la par que el ejecutivo federal lanzó el Programa Nacional de Derechos Humanos (2009).

Esto coincide que la “vuelta” del imperialismo norteamericano a la región y la reaproximación entre militares brasileños y norteamericanos ya bajo el gobierno Obama. Es el momento en que los EEUU reaccionan a su pérdida de presencia hegemónica frente a China y Rusia. Es cuando salta a la luz pública el espionaje – denunciado por Snowden – contra el gobierno brasileño y Petrobras. Acompaña un aceleración de las acciones combinadas por policías federales, fiscales y jueces en EEUU y Brasil que resultarían en la operación “Lava Jato”.

Pero el cambio de actitud de los militares brasileños vendrá de forma definitiva cuando en su último año de gobierno Lula aprueba la ley de verdad histórica (2010) y al comienzo de su gobierno Dilma instala la Comisión de la Verdad que va a generar informes sobre las violaciones de derechos humanos en tiempos de la dictadura. Es entonces, cuando los militares perciben que el “comunismo” estaba a punto de tomar “la última trinchera” que le faltaba, la legitimidad de las Fuerzas Armadas. En abierta desobediencia a la jerarquía, hubo voces de militares de alta patente que cuestionaron la acción de la Comisión y defendieron el legado de los gobiernos militares. Bolsonaro – un diputado de segunda linea y de baja capacidad discursiva – se hizo notar entonces con un estridente discurso de ataque a la política de derechos humanos del gobierno y de defensa de los torturadores militares.

Este “gramscismo” de la extrema derecha es importante tener en cuenta porque ayuda a explicar la amplitud de la ofensiva que se dispone a realizar. No se trata apenas de tomar la presidencia y tener una mayoría parlamentaria para aprobar leyes e implementar políticas sintonizadas con tal o cual agenda materia económica, social o política. El bolsonarismo se propone luchar en todas aquellas “trincheras” contra un “enemigo” que dentro del país es parte de una conspiración mundial contra la civilización occidental y cristiana de la que Brasil es parte y guardián.

No por ridícula la fórmula es menos potente en la coyuntura brasilera. Tiene ecos evidentes de los años de auge de la guerra fria en nuestra región – los 60 y 70 del siglo pasado – aunque todavía le faltan piezas en su rompecabezas. Quién sería el enemigo internacional, ese comunismo internacional redivivo en pleno siglo XXI?, una vez que la URSS se acabó en 1991, y que el Partido Comunista Chino lidera el polo más dinámico de la economía capitalista internacional y el país que es el principal socio comercial y económico do Brasil. Respuesta: El Foro de São Paulo!, sería su reencarnación… ya que desde sus orígenes en 1990 hasta los años 2000 tanto Fidel Castro como Lula cumplieron papel decisivo en su conducción, es decir, les permite – contra toda evidencia – proyectar una continuidad de la guerra fría y tácticas de “guerra de movimientos” a los tiempos actuales de disputas electorales de gobiernos que serían batallas de una “guerra de posiciones”, pero en el fondo, de la misma confrontación entre el comunismo internacional y civilización occidental y cristiana.

Esa lectura “gramscista” les hace dar una primacía inusitada a la Escuela de Frankfurt y a un cierto “marxismo cultural” que serían arietes con los que se conspira contra nuestra civilización. No por acaso el primer panel de la reciente Cúpula Conservadora de las Américas, organizada por Bolsonaro y realizada el 8 de diciembre de 2018 en Foz de Iguazú, Paraná (Brasil) fue dedicado a la “Cultura” y se inició con un video que trataba de organizar un relato comenzando por aquella escuela hace casi ya cien años.

También les lleva a dar un peso decisivo a lo que llaman “ideología de género” que consideran se trata uno de los principales combates que se traban ya que se orientaria a atacar a la familia cristiana – y no importa que ninguno de sus cultores siga sus supuestos valores, ya que es propio del moralismo la doble moral… Tienen especial ojeriza a todo lo “politicamente correcto” ya que despliegan usualmente un discurso homofóbico, machista, racista y xenófobo. Contrariamente al neoliberalismo de los años 1990, esta corriente se define como conservadora en materia de costumbres – contra la liberación de las mujeres y los derechos LGTBI. Y si aquél fue “globalista”, ésta recupera supuestas raíces nacionales – como el cristianismo fundamentalista!

En algunos casos países utiliza un postizo nacionalismo comercial para manipular electoralmente a los que trabajadores que quedaron desempleados por efecto de la globalización neoliberal – sin tocar para nada la esencia de esa estrategia, la libre circulación de capitales y sus lucros. En Brasil su superministro de Economia, Paulo Guedes, un Chicago (Old) Boy (estudió en los años 1970 junto con chilenos que sirvieron a la dictadura Pinochet), anunció apenas a los empresarios y en ambientes cerrados un programa neoliberal radical.

En el caso brasileño, Bolsonaro fue beneficiado por la cuchillada que sufrió por parte de un perturbado mental un mes antes de la primera vuelta electoral. Con eso justificó no presentarse a ningún debate. No necesitó responder ningún tema polémico, sino donde le placía, es decir, en sus redes sociales y chats multitudinarios con sus seguidores y sectores previamente detectados como influenciables. Así, la gente votó un proyecto ultra-neoliberal que no dijo su nombre ni sus metas y que apenas era expuesto en ambientes cerrados a empresarios y especuladores financieros, mientras al electorado apenas llegaban manipulaciones en torno a temas sobre corrupción, violencia urbana, “ideologia de género”, gays, etc.

La larga contramarcha “weberiana” de la izquierda brasileña

Max Weber es un autor que hace algun tiempo franqueó las puertas de la bibliografía de interés de las izquierdas. Pues hay una observación que ese autor hizo en comienzo del siglo XX en relación al socialismo alemán – entonces denominado “socialdemocracia”, antes de que ese nombre designara lo que es hasta hoy – que tiene interés para el estudio que aqui se hace. Weber afirmaba que los arrebatos revolucionarios de ese movimiento político amainarían caso se le permitiese ocupar espacios dentro del Estado alemán. Es que como reflejo de las leyes antisocialistas de finales del siglo anterior, aún había restricciones cuando él estaba escribiendo estas lineas en mediados de la primera década: “…el ardor revolucionario estaría realmente en grave peligro….Veríamos entonces que la Socialdemocracia nunca conquistaria permanentemente las ciudades o el Estado sino que, al contrario, el Estado controlaria al Partido Socialdemocrata…” (5)

La dictadura militar-civil que ocupó el Estado brasileño de 1964 a 1985 colocó fuera de la ley a las izquierdas y fuerzas progresistas. Cuando la lucha democrática creció a lo largo de los años 1970 va asumiendo cada vez más un carácter radical y social. Aliados pero no mezclados, demócratas “liberales” (cobijados en el MDB) y demócratas “sociales” (en el PT y otros partidos de izquierda y progresistas) disputaron la transición democrática cuando la crisis de la dictadura se hizo evidente. Ganaron los primeros en alianza con sectores conservadores que habían estado hasta la víspera en el bloque dictatorial. Eso marcó la transición hacia una democracia bastante controlada por las Fuerzas Armadas y algunas corporaciones estatales y restricciones a derechos democráticos en materia de comunicación de masas y de la función social de la propiedad. Pero el empuje de la lucha democrática social que fue impulsada por las fuerzas que crearon el PT (1980), la CUT (1983) y el MST (1985) y la reorganización de los partidos comunistas hasta entonces clandestinos impuso que en la misma transición los demócratas liberales aceptasen incluir algunos derechos sociales – apesar de la oposición de sectores conservadores (conocidos como el “centrão”) que urdieron la democracia “controlada”. En así que el Congreso Constituyente que sesionó entre 1986-88 fue retrógrado en unas materias y progresista en otros.

Desde el punto de vista estratégico de la izquierda marcó, sin embargo, un giro importante. Si hasta 1986 se planteaba una estrategia de “ruptura democrática” con una Asamblea Constituyente para superar la dictadura, la aprobación en 1988 de la nueva Constitución Federal, que el PT aceptó firmar pero explicitando críticas a sus partes retrógradas, implicó hacer la disputa por dentro de las instituciones recientemente creadas.

Lula candidato del PT perdió 3 elecciones (1989, 1994, 1998) antes de llegar a la presidencia en la puja del 2002. El PT venía de ganar gobiernos municipales de ciudades medianas y grandes y también de algunos gobiernos de Estados importantes. Pero la entrada al gobierno federal el 2003 fue también un salto de cantidad en calidad. No solo ahora eran centenares de militantes que deberían asumir responsabilidades como también deberían gestionar el Estado e impulsar la actualización de sus instituciones. Quien gobierna quiere gobernabilidad. Quiere aliados estables. Resultados. Y reelegir el proyecto. En el escenario brasileño eso llevó al PT a alianzas electorales y congresuales más allá del progresismo, con sectores de centro y centro-derecha, que aceptaron ir atrás de un programa de gobierno progresista sobre el cual, sin embargo, el PT iba haciendo concesiones aquí y allá a agendas de esos sectores retrógrados.

Desde que en la década de 1970 el Partido Comunista Italiano (PCI) discutió su estrategia de “compromiso histórico” para gobernar – lo que acabó no aconteciendo – el problema se había planteado. Y el cuestionamiento que en la época le hizo Norberto Bobbio a los intelectuales del PCI continua vigente hoy para quien piensa una estrategia de izquierda por dentro de las instituciones del Estado y no “contra” esas instituciones: “existe una teoria politica marxista?”, o dicho de otro modo, es posible ganar espacios institucionales a través de elecciones sin perder el objetivo revolucionario, la superación del capitalismo, cómo? (6)

A lo largo de los gobiernos petistas hubo un cambio de contexto político general. Como se dijo antes, parece claro que el imperialismo reaccionó frente a la gran crisis de 2008 y su perdida de espacios hegemónicos frente a China con una redoblada estrategia agresiva. El gobierno progresista brasileño, sin embargo, no hizo cambios significativos. Buena parte de las medidas judiciales y policiales que fueron usadas contra sus dirigentes fueron fruto de iniciativas legislativas o administrativas de áreas de su gobierno. Varias incluso en articulación con contrapartes de los EEUU y las nuevas doctrinas para el combate a la corrupción en la política, el crimen organizado, el lavado de dinero, el terrorismo, etc. Creyendo construir instituciones republicanas se estaba construyendo el cerco a su gestión, los prolegómenos del golpe de estado de 2016.

El compromiso con las instituciones fue tal que cuando esas fueron manipuladas, las fuerzas progresistas no fueron capaces de reaccionar. El golpe de estado fue realizado abastardando las “reglas del juego” que habían sido legitimadas por cuatro elecciones presidenciales victoriosos y las respectivas administraciones que le siguieron.

Pero la última fue interrumpida. Las fuerzas complotadas habían instaurado un estado de excepción dentro del estado de normalidad democrática. Usaron leyes aprobados con apoyo de gobiernos del PT. Jueces indicados por ese partido. Medios de comunicación de masas financiados por la publicidad oficial administrada por ese partido. Manipularon casos de corrupción vinculados al financiamiento de toda la política brasileña para que pareciera que era un “mecanismo” (como quedó consagrado en serie de Netflix) inventado por el PT y de su uso exclusivo.

Si Kautsky en los debates estratégicos de la socialdemocracia alemana en comienzos de siglo previa un “cerco” al poder burgués por parte del partido del proletariado (7), lo que hubo en Brasil fue su recíproca. Un cerco de fuerzas conservadoras y reaccionarias a la presidencia petista.

Otro tanto ocurrió en el terreno económico. La crisis capitalista internacional del 2008 fue subestimada por el gobierno del PT. Impulsó medidas contracíclicas que parecían dar resultado y en breve se volvió al crecimiento. Pero las contradicciones fueron acumulándose. Hacia el 2012-3 ya era evidente que había algo parecido a una “huelga de inversiones privadas”, que fue la respuesta de la burguesia a las bajas tasas de lucro (8). Desde entonces el gobierno Dilma hizo gigantescos esfuerzos fiscales para tratar que las inversiones y el crecimiento volvieran. Se caminó hacia una estagnación. Todavía em octubre del 2014 el país vivía su más baja tasa de desempleo de la historia registrada por estadísticas. La decisión trágica fue el giro de la política económica – que era una concesión al chantaje del gran capital – impulsado al comienzo del segundo gobierno Dilma por un ministro que dicho sea de paso vuelve ahora como alto funcionario del gobierno Bolsonaro (presidente del banco de fomento BNDES) (9).

En 2005 el PSDB dudó en promover la destitución del presidente Lula que estuvo atacado por un caso de corrupción conocido como “Mensalão” porque según confesó Fernando Henrique Cardoso tenían miedo de cuál sería la reacción popular. En el 2016 no era necesario tener miedo porque la política económica del 2015 había desconectado a la mayoría que le eligió de la gestión de la presidenta Dilma y los sectores clase media aguijoneados por fuerzas reaccionarias habían tomado las calles con manifestaciones masivas contra el PT.

Papel clave tuvo también el destino de las así denominadas “clases medias”. Fueron airete contra el PT. Sensibles al discurso y a la doble moral anticorrupción, fueron el centro dimanador del antipetismo. Se prestaron al papel en medio a una crisis de identidad por la llegada de grandes contingentes de trabajadores que gracias a las políticas de los gobiernos petistas estaban accediendo al consumo típico de clase media (10).

Para ampliar el problema los gobiernos petistas en determinado momento adoptaron como relato el horizonte de la transformación de Brasil en una “sociedad de classes medias”, que ya estaría en curso (11). El sujeto político de la transformación se disolvió en una multitud de consumidores deseosos por créditos baratos y ventas a plazos. Así se cultivó no solo el malestar de las antiguas clases medias, sino también de aquellos que sin serlo, se veían en cuanto tales. Las pesquisas de opinión pública hacia 2013-14 daban cuenta de la aparición de nuevas contradicciones en el seno del pueblo, tal que beneficiarios de algunas política sociales eran críticos de los beneficiarios de otras – siempre con la idea de que cada uno debía su ascenso social a su esfuerzo y a Dios, mientras que había muchos “aprovechadores” del dinero del Estado.

Desafios estratégicos latinoamericanos

El debate estratégico de las izquierdas revolucionarias en el siglo XX osciló entre insurrecciones (el caso ruso), guerra popular prolongada (la via china y vietnamita) y la guerra de guerrillas (los ejemplos cubano y nicaraguense). Las experiencias electorales de la socialdemocracia europea no calificaron en ese debate porque renunciaron a superar el capitalismo económico y el liberalismo político.

Las experiencias electorales de izquierda en América Latina no fueron objeto de un debate estratégico. El caso que fue más lejos fue Chile en 1970-73, donde una coalición, la Unidad Popular, ganó la elección presidencial y continuó aumentando su caudal electoral después, con un programa de vía chilena al socialismo. La tragedia chilena de 1973 bloqueo una discusión mas en profundidad de la estrategia seguida y por seguir. Cuando se desató la crisis económica-política en 1972-73, aguijoneada por la presión del imperialismo norteamericano y las oligarquías locales que manipulaban a los sectores medios de la sociedad, Allende habría propuesto darle una salida democrática a la situación, convocando al pueblo para que decidiera sobre su continuidad o no. Los golpistas se anticiparon por el obvio miedo de que Allende podría salir fortalecido de esa consulta (12).

Hubo grosso modo dos interpretaciones de la derrota y ambas limitaron el legado allendista. La que hizo el eurocomunismo que finalmente apuntó a seguir el mismo camino que la socialdemocracia europea (13). La que hicieron fuerzas revolucionarias de que la crisis debió haberse resuelto con una salida por alguna de las tres vías estratégicas antes mencionadas. Ambas interpretaciones en verdad refuerzan el impasse.

En la reciente oleada progresista que desde 2015 está en cuestión, han habido aprendizajes importantes que tampoco han sido materia de sistematización (14).

En buena parte del debate de balance crítico de la experiencia de los gobiernos petistas se discute que no se decidieron a hacer los cambios estructurales que superasen el capitalismo periférico – con sus componentes dependiente, rentista, extractivista, concentrador de la riqueza e ingresos, etc. Pero de lo que se trata es que no han se ha avanzado en la forma estado capaz de expresar politicamente la disputa de poder entre proyectos.

Frente a la crisis política provocada por las multitudinarias manifestaciones de junio del 2013 la presidenta Dilma respondió correctamente con una propuesta de abrir un proceso constituyente para una reforma del sistema político. Quien encabezó la oposición a la propuesta fue su vicepresidente, el mismo que en 2016 lideró el golpe. En 2014 el gobierno Dilma aprobó por decreto presidencial el sistema de consultas populares en la forma de Conferencias Sectoriales, instancias que ya existian pero no estaban articuladas. Las fuerzas de centro y centro derecha en el congreso – incluso las que participaban del gobierno – reaccionaron con la misma ferocidad que si se hubiera aprobado un régimen soviético.

Solo muy marginalmente la oleada progresista afectó la estructura del estado (15) y aún las formas de hacer política. Las estrechas relaciones entre democracia y socialismo están en el origen de la tradición democrática fundada por la revolución francesa y en las que le siguieron en el siglo XIX (16). La derrota de la revolución alemana de 1918-19 a manos de la derecha socialdemócrata (17) aliada a la extrema derecha impidió que la cuestión se colocara en un país de “Occidente”, quedando las revoluciones circunscriptas a “Oriente” (para usar los términos gramscianos).

Las experiencias políticas de las fuerzas de izquierda y progresistas en función de gobierno que se han desarrollado en América Latina desde la victoria de la candidatura presidencial de Hugo Chávez em finales de 1998 son un laboratorio importante para volver a esos debates estratégicos.

Las claves hay que buscarlas en las vías de construcción de hegemonias políticas y en las transformaciones de la forma estatal característica del liberalismo, para formar mayorías capaces de defender un proyecto transformador de las estructuras económico-sociales y desarrollar instrumentos de democracia directa capaces de representar una superación dialéctica de las instituciones pensadas con una matriz liberal. En ambas materias las experiencias han enfrentado impasses y frustraciones. Pero la materia prima fundamental está disponible, un pueblo que ha disfrutado de mejores condiciones de vida y trabajo desde que se tiene memoria. Dispuesto a defender conquista y resistir a las agresiones de la derecha.

La democracia ha sido una conquista de las luchas obreras y populares. Frente a su empuje el liberalismo, la burguesia y el imperialismo han hecho concesiones – como la ampliación del derecho al voto – pero también le han puesto límites y trabas al ejercicio de la soberanía popular. Para reatar los lazos entre democracia y socialismo al disputar por dentro de las instituciones del estado hace falta retomar la estrategia de las revoluciones democráticas como era a lo que apuntaba Salvador Allende. Hay que volver a los debates interrumpidos en el siglo XX y actualizarlos con las experiencias recientes de la oleada progresista latinoamericana.

Notas

(1) Economista paraguayo residente en Brasil. (PD. Este texto fue redactado en finales de diciembre 2018, antes de la asunción de Bolsonaro a la presidencia del Brasil.)
(2) Guimarães, J. (2018) “
Da resistência à luta pela refundação democrática do Brasil”in: Revista Democracia Socialista. Número 7. São Paulo. Disponible enhttp://democraciasocialista.org.br/wp-content/uploads/2018/09/revista7-web.pdf(PD. También el programa de la candidatura Lula prevía revetir las medidas antiobreras y antinacionales del gobierno Temer)
(3) Ver Velasco, S., A.Kaysel e G. Codas (org.) (2015) 
Direita, volver! O retorno da direita e o ciclo político brasileiro.São Paulo: Fund. Perseu Abramo. Disponible enhttps://fpabramo.org.br/publicacoes/estante/direita-volver/
(4) Coutinho, S. (2002).
Revolução gramcista em Ocidente.Rio de Janeiro: Ed. Estandarte. Versión disponible enhttp://politicaedireito.org/br/wp-content/uploads/2017/02/Sergio-Augusto-de-Avellar-Coutinho-A-revolucao-gramscista-no-Ocidente-1.pdf
(5) Este pasaje está tanto en Mayer, J.P. (1985) 
Max Weber e a política alemã. Brasilia, 1985: Ed. UnB , pág. 51 (ed.cast. 1966. Madrid : Instituto de Estudios Políticos) como en Negt, O. (1984). “El Engels tardio y la fundamentacion de la teoria marxista de la revolucion”.In: RevistaCrítica de la Economía Política – Edición Latinoamericana. Número 20. Ciudad de México. Interesante notar que Weber hace esa observación antes que Rosa Luxemburgo, Lenin o Trotsky advirtieran ese grado de adaptación y submisión del socialismo alemán al estado alemán.
(6) Para ese debate ver AA.VV. (1977). 
El marxismo y el Estado.Barcelona: Ed. Avance.
(7) Kautsky, K. (1910) 
El camino del poder. Disponible en:https://www.marxists.org/espanol/kautsky/1909/1909-caminopoder-kautsky.pdf 
(8) Ver análisis en Prado, E. (2014). 
O mau humor do “mercado”. Disponible enhttps://eleuterioprado.blog/2014/04/17/o-mau-humor-do-mercado/
(9) Para una visión crítica de esa decisión de Dilma desde un punto de vista marxista, de quien fuera alto funcionario del área ecoómica en los gobiernos petistas, ver Augustin, A. (2016) “
Os fatos são teimosos”, en RevistaDemocracia Socialista,Número 4, Diciembre. Disponible en http://democraciasocialista.org.br/wp-content/uploads/2016/12/Revista-DS4-web-2.pdf.
(10) Ver los comentarios sobre el tema de las clases medias en los procesos de transformación que hizo el dirigente de izquierda filipino Walden Bello, partiendo del caso chileno en 1972-3, en este discurso de 2008 al recibir un premio por su trabajo como investigador social http://www.sinpermiso.info/textos/desafos-y-dilemas-del-intelectual-pblico
(11) Para una crítica del uso del concepto de clases medias para el fenómeno que estaba en curso bajo gobiernos del PT ver Pochmann, M. (2014) 
O mito da grande classe média: capitalismo e estrutura social.São Paulo: Boitempo, 2014.
(12) Hay un cierto paralelo con la decisión del presidente Nicolás Maduro de convocar en 2017 elecciones para una Asamblea Constituyente para que el pueblo, a través de sus diputados constituyentes, decida el rumbo que debería tomar Venezuela. Fue una respuesta a un escenario político que anunciaba una guerra civil con intervencion extranjera , fruto de la confrontación interna por parte de la derecha violenta, las presiones económicas y pollíticas externas del imperialismo norteamericano y las dificultades de la gestión económica del gobierno.
(13) Mandel, E. (1978) 
Crítica del eurocomunismo.Barcelona: Ed. Fontamara. Ver especialmente el capítulo IX “Estrategia del eurocomunismo” sobre los límites del pensamiento de Kautsky y su repetición eurocomunista.
(14) Inventarios de conquistas, de derrotas y-o desvios supuestos o reales hay muchos, pero con esa contabilidad no se construye aún pensamiento estratégico. Entre las pocas iniciativas de sistematización está la obra de Alvaro García Linera, que como vicepresidente se mantiene con un perfil de intelectual con pensamiento (auto)crítico. Ver, por ejemplo, Linera, A.G. (2016)
¿Fin de ciclo progresista o proceso por oleadas revolucionarias? Disponible en https://www.vicepresidencia.gob.bo/IMG/pdf/fin_de_ciclo-2.pdfEn igual sentido ver también el libro de Klachko, P. y K. Arkonada (2017) Desde abajo, desde arriba. De la resistencia a los gobiernos populares: escenarios y horizontes del cambio de epoca en America Latina.Buenos Aires: Prometeo. Disponible enhttp://minci.gob.ve/wp-content/uploads/2018/07/Desde-abajo-desde-arriba-baja-.pdf
(15) El ensayo más osado fue la aprobación de la Comunas como parte de la estructura estatal en Venezuela. Pero la verdad es que nunca tuvieron plenos poderes, siquiera a nivel local.
(16) Rosenberg, A. (1981). 
Democracia y socialismo. Historia política de los últimos ciento cincuenta años 1789-1937. México: Cuadernos Pasado y Presente.
(17) Haffner, S. (2005) 
La revolución alemana de 1918-1919.Madrid: Inédita editores. Disponible en http://lib1.org/_ads/AF40CC282898A4DF59B8512BE93C1307

México y Cuba, dos revoluciones latinoamericanas (por Sergio Guerra Vilaboy)

El historiador cubano Guerra Vilaboy ata los vínculos entre las dos principales revoluciones latinoamericanas del Siglo XX.  Una lectura fundamental para entender las profundas raíces nacionales, antiimperialistas y populares de ambas y para rescatar una visión nuestra de los procesos de transformación radical de nuestras sociedades, superando las modas académicas de los centros imperialistas (GC).


Resonancia de la Revolución mexicana en Cuba,
por Sergio Guerra Vilaboy
Resumen:

La Revolución mexicana, iniciada en 1910 y coronada con las radicales transformaciones del período cardenista (1934-1940), produjo un extraordinario impacto en América Latina, dominada entonces por regímenes antidemocráticos, plegados al capital extranjero y a las oligarquías locales. Las consignas agraristas y de reivindicación nacional, primero, y la reforma agraria y la nacionalización del petróleo, después, concitaron grandes expectativas en el hemisferio, acompañadas de una gran ola de solidaridad y del despertar de sentimientos revolucionarios en vastos sectores populares.


En este ambiente de agitación y experiencia revolucionaria, único en América, estoy como en una universidad de pueblos, como en un magno laboratorio de sociología aprendiendo para el obrero y campesino de Cuba.
Julio Antonio Mella

La Revolución mexicana, iniciada en 1910 y coronada con las radicales transformaciones del período cardenista (1934-1940), produjo un extraordinario impacto en América Latina, dominada entonces por regímenes antidemocráticos, plegados al capital extranjero y a las oligarquías locales. Las consignas agraristas y de reivindicación nacional, primero, y la reforma agraria y la nacionalización del petróleo, después, concitaron grandes expectativas en el hemisferio, acompañadas de una gran ola de solidaridad y del despertar de sentimientos revolucionarios en vastos sectores populares.

La huella del imaginario mexicano puede encontrarse en la gesta de Augusto César Sandino en Nicaragua y en otros movimientos revolucionarios de la época, y se expresó en la fundación de nuevas organizaciones obreras, campesinas y estudiantiles, entre ellas las ligas antimperialistas y federaciones anticlericales. Varios procesos latinoamericanos de la primera mitad del siglo xx fueron marcados de manera directa por la impronta revolucionaria de México y, muy en concreto, por la reforma agraria y la expropiación de empresas extranjeras, como pudo advertirse en Cuba durante la Revolución del 30 y en la Constitución adoptada en la Isla en 1940, en cuyo articulado está la huella de la Carta Magna mexicana de 1917.

A ello contribuyó que, desde los años 20, México se había convertido en refugio de muchos perseguidos políticos de América Latina, como fue el caso del joven revolucionario cubano Julio Antonio Mella. Otro líder estudiantil exiliado en ese país fue el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, quien al calor de la Revolución mexicana fundó allí, en 1924, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), de pretensión continental. Haya de la Torre llegó a considerar que «la Revolución mexicana aparece y queda en la historia de las luchas sociales como el primer esfuerzo victorioso de un pueblo indoamericano contra la doble opresión feudal e imperialista».[1]

También otros externaron sus simpatías por ese proceso, como los socialistas argentinos Alfredo Palacios y José Ingenieros, y el pensador marxista peruano José Carlos Mariátegui, quien, incluso, elaboró una síntesis histórica, en un artículo de enero de 1924, titulado «México y la Revolución». Otros trabajos suyos sobre el tema fueron «La reacción en México» (1926), «La guerra civil en México» (1927), «Obregón y la Revolución mexicana» (1928), «La lucha eleccionaria en México» (1929), entre otros.[2] Según la reseña periodística de la conferencia dictada por Mariátegui en la Universidad Popular de Lima, publicada en el periódico peruano La Crónica, el martes 25 de diciembre de 1923:

Mariátegui expuso los orígenes de la Revolución mexicana. Explicó la importancia sustantiva de la cuestión agraria en los últimos acontecimientos de la historia de México. Y se ocupó de los aspectos social y económico de la Revolución. Finalmente expuso los diversos aspectos del movimiento social y proletario de México y concluyó invitando a los trabajadores a saludar en la Revolución mexicana el primer albor de la transformación del mundo hispano-americano.[3]

La influencia de la Revolución mexicana trascendió el ámbito político y social. El reconocimiento del elemento mestizo e indígena como componente esencial en la formación nacional de América Latina impregnó diferentes manifestaciones de la cultura —expresión de ello fue, por ejemplo, el muralismo mexicano— e impulsó también novedosas investigaciones etnológicas encaminadas al conocimiento de las preteridas poblaciones autóctonas del hemisferio. Gracias al clima creado por el proceso revolucionario de México, a fines de los años 20 y principios de los 30, se desarrolló en los países latinoamericanos una nueva novelística que enfatizó la crítica social. Una muestra fue el creciente interés por reflejar en la literatura los problemas nacionales y, en particular, el tema de la explotación del campesinado. Las campañas educativas masivas, como las impulsadas por José Vasconcelos al frente de la Secretaría de Educación Pública de México, devinieron referentes, imitados luego en varios lugares del hemisferio.

Cuba fue, por su cercanía y sus lazos históricos, uno de los países latinoamericanos donde mayor repercusión tuvo, desde sus inicios, la Revolución mexicana. Además, el territorio cubano fue una especie de caja de resonancia de los acontecimientos mexicanos y en la mayor de las Antillas encontraron refugio varias oleadas de políticos y ciudadanos comunes de México, de acuerdo con las distintas etapas por las que atravesó ese proceso.

Cuba y el asesinato de Madero

Al prestigioso general del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo, llegado a tierras mexicanas en julio de 1910 en calidad de ministro de Cuba, le correspondió ser testigo del estallido de la revolución, la caída de la dictadura de Porfirio Díaz y el ascenso de Francisco I. Madero a la presidencia. A pesar de su condición diplomática, el principal representante de la Isla en la capital mexicana manifestó en público su regocijo por la deposición de Díaz, y saludó con entusiasmo a Madero en ocasión de su entrada triunfal a la ciudad de México.[4]

Pero fue a otro ministro de Cuba en México —el sexto desde que fue establecida la República en 1902—, Manuel Márquez Sterling, a quien le tocó presenciar la crisis final del gobierno de Madero y hacer loables esfuerzos por salvar la vida de este durante los días convulsos de la «decena trágica», desencadenada el 9 de febrero de 1913.[5] La extraordinaria y valiente actuación del diplomático cubano ha pasado a la posteridad como un hito en las relaciones entre Cuba y México.

Como se sabe, Márquez Sterling, tras el derrocamiento de Madero por la componenda de los generales porfiristas Victoriano Huerta y Félix Díaz —fraguada en la legación de los Estados Unidos por su máximo representante Henry Lane Wilson—, pretendió sacar de México a Madero en el crucero Cuba, a la sazón anclado en Veracruz. Este buque de la marina de guerra cubana, con una compañía de infantería a bordo, al mando del comandante Julio Sanguily —sobrino del canciller cubano Manuel Sanguily—, había sido enviado a México el 12 de febrero de 1913 por instrucción del presidente José Miguel Gómez, ante las primeras noticias de los levantamientos armados antimaderistas, con el propósito de proteger a los numerosos cubanos radicados en el puerto de Veracruz.

El cuidado puesto por Márquez Sterling para no herir la susceptibilidad del presidente Madero por el inesperado arribo al puerto veracruzano del buque de la armada cubana —que podía ser interpretado como parte de las maniobras intervencionistas de Lane Wilson—, fue reconocido en aquellas dramáticas jornadas por el propio gobernante mexicano. En conversación con el canciller mexicano Pedro Lascurain, este comentó, de forma oficial, al diplomático cubano: «Señor Ministro […] su última nota acerca del crucero Cuba, ha causado, en el gobierno, en el presidente Madero y, naturalmente, en mí, el efecto de un abrazo que se dan nuestras dos patrias».[6]

Las posteriores gestiones de Márquez Sterling, dirigidas a preservar la vida del presidente Madero, contaban con el pleno respaldo del gobierno de José Miguel Gómez —en cuyo entorno se encontraban prestigiosas figuras como Manuel Sanguily, Bartolomé Masó y Juan Gualberto Gómez, de clara postura antimperialista y de defensa de la soberanía nacional—, como consta en el telegrama enviado por Sanguily, a Márquez Sterling:

Presidente y Gobierno felicitan a usted por sus nobles y humanitarias gestiones para ayudar al Gobierno de México a resolver actual situación, asegurando la vida del ex Presidente Madero y del ex Vicepresidente, y fía.[7]

Según el testimonio del propio Márquez Sterling, al conocer el presidente mexicano sus intenciones, el 19 de febrero de 1913 le expresó:

Estoy muy agradecido a las gestiones de ustedes […] Acepto el ofrecimiento del crucero Cuba para marcharme. Es un país, la Gran Antilla, por el que tengo profunda simpatía. Entre un buque yanqui y uno cubano, me decido por el cubano.[8]

«De allí surgió el compromiso —expresó Márquez Sterling—, para mí muy honroso, de llevar al señor Madero en automóvil a la estación del ferrocarril y de allí a Veracruz».[9]

El asesinato de Madero tuvo gran repercusión en Cuba. El periódico liberal La Noche, en su edición del 23 de febrero de 1913, puso en grandes titulares: «Madero ha sido muerto esta mañana. Fueron asesinados el presidente y el ex vicepresidente de México. ¡Un atentado a la civilización humana!». Al día siguiente, El Triunfo, otro periódico cubano vinculado al presidente Gómez, señalaba: «Madero y Suárez asesinados. Último acto de la tragedia o primero de otra más horrible», mientras el renombrado diario La Discusiónvaticinaba un «movimiento de protesta mundial ante hechos tan abominables».[10]

En general, los principales periódicos cubanos de la época, El Mundo, La Discusión, La Prensa, Diario de La Marina y El Día, se hicieron eco de los acontecimientos que estremecían a México, aunque en sus informaciones muchos seguían las pautas impuestas por la gran prensa de los Estados Unidos. Una de sus principales fuentes noticiosas era entonces la agencia norteamericana Associated Press (AP). En cambio, diarios liberales como El Triunfo y Cuba reflejaron los sucesos mexicanos con mayor objetividad. Como escribió Márquez Sterling: «La tragedia mexicana fue un acontecimiento mundial que produjo, en Cuba, extraordinaria sensación. Madero, traicionado, había estremecido a nuestro pueblo. Madero, mártir, lo indignó».[11]

El jueves 27 de febrero de 1913, se organizó un extraordinario acto público en el céntrico Campo de Marte —donde hoy se encuentra el Parque de la Fraternidad—, para esperar a los familiares de Madero. En él hicieron uso de la palabra el diputado yucateco Serapio Rondón —quien poco después regresó a México y fue asesinado por sus valientes denuncias contra Huerta en el Congreso mexicano— y el general de la guerra de independencia Enrique Loynaz del Castillo, ex ministro cubano en México. Luego los participantes salieron en manifestación por las calles de la capital cubana hasta el Palacio Presidencial —antes de los Capitanes Generales— para exigir al gobierno la inmediata ruptura de relaciones con el régimen golpista de Huerta. En este sitio, Loynaz arengó a los manifestantes con las siguientes palabras:

Hemos llegado aquí movidos por el sentimiento del deber, por un generoso sentimiento de fraternidad hacia el pueblo hispanoamericano que está más cerca de nosotros, hacia aquel que en horas de desgracia para Cuba, estuvo cerca de nuestros corazones. Hemos llegado ante el representante del gobierno cubano, y le hemos expuesto que el pueblo de Cuba siente hondamente lo sucedido en la vecina República, que desea que el gobierno cubano rompa sus relaciones con el gobierno impuesto en México por la traición, el asesinato y la cobardía.[12]

A altas horas de la noche del 1 de marzo de 1913, arribó a La Habana, en el crucero Cuba, la familia del ex presidente Madero —su viuda, padres, hermanas, su tío Ernesto y su hermano Julio—, la que fue recibida por las autoridades cubanas: el propio canciller Sanguily y las hijas del presidente de la República, así como los diputados mexicanos Serapio Rendón, Adrián Aguirre Benavides —ex asesor jurídico de Madero— y Víctor Moya, junto a una gran multitud de habaneros que los acompañó después desde el puerto hasta el hotel Telégrafo. La Discusión publicó un amplio reportaje de estos acontecimientos, y dio a conocer una nota firmada por Francisco y Ernesto Madero, padre y tío respectivamente del presidente asesinado, donde agradecían el respaldo del pueblo, el gobierno y la prensa de Cuba.

Maderistas y huertistas en La Habana

El gobierno de José Miguel Gómez no solo retiró a su ministro en México —30 de marzo de 1913— y se negó a reconocer el régimen de Huerta —de hecho, no hubo representación de ese rango en ninguna de las dos capitales hasta 1919—, sino que, además, abrió las puertas a los refugiados que huían de la despiadada represión. Entre los destacados políticos, militares e intelectuales maderistas que arribaron ese mismo mes, estaban los periodistas Solón Argüello y Matías Oviedo, que el 8 de marzo ofrecieron una conferencia sobre los trágicos sucesos mexicanos en el teatro habanero Politeama.

El 4 de marzo de 1913, el periódico El Mundo, de La Habana —del cual Márquez Sterling había sido el primer jefe de redacción—, en el artículo «El éxodo de los mexicanos», invitaba a esta conferencia e incluía noticias sobre la llegada de otros conspicuos maderistas como Elías Ramírez, secretario particular del asesinado mandatario, y su hermano Julio, Rafael J. Hernández, ex secretario de Gobernación, Luis Meza Gutiérrez, ex director de Instrucción Pública, y el cubano Guillermo Carricarte, quien había estado al servicio de Madero. También pasaron por La Habana, José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán.

En realidad, la llegada masiva de refugiados políticos y de personas que huían del recrudecimiento de la represión y de la difícil situación creada en México con el reinicio de los enfrentamientos armados, se produjo después de la caída del gobierno de Madero.[13] A ello contribuyó que Cuba estuviera ubicada en el camino natural de los revolucionarios mexicanos que deseaban entrar por la frontera norte —donde Venustiano Carranza encabezaba la resistencia a los huertistas—, a la que llegaban vía Nueva Orleans tras pasar por La Habana.

En ese contexto, y en respuesta al llamado de Carranza —hasta entonces gobernador de Coahuila, y quien había asumido la dirección del constitucionalismo como continuador de Madero— para luchar contra la dictadura huertista, un grupo de exiliados mexicanos en La Habana fundó, en abril de 1913, una Junta Revolucionaria. Su objetivo principal era «estudiar los elementos con que se cuenta para la organización de expediciones, compra de armas y parque».[14] Su primer presidente fue Demetrio Bustamante, aunque en febrero de 1914 Carranza lo sustituyó por Juan Zubarán Capmany, hermano del secretario de gobernación de su gabinete. Poco después, el propio Carranza designó a Salvador Martínez Alomia como enviado diplomático en comisión especial ante el gobierno de Cuba, con el propósito de obtener el reconocimiento de la Isla al movimiento constitucionalista.

Después de la caída de Huerta en julio de 1914 —acontecimiento celebrado por la mayoría de la prensa liberal habanera—, el gobierno cubano, que presidía desde el 20 de mayo de 1913, el general conservador Mario García Menocal —educado en universidades de los Estados Unidos y representante en Cuba de una poderosa empresa azucarera norteamericana—, decidió acoger con generosa hospitalidad a los partidarios del régimen tiránico depuesto. Entre los encumbrados exiliados huertistas llegados a La Habana figuraban el controvertido poeta Salvador Díaz Mirón, que había tenido que abandonar la dirección de El Imparcial de México, y el ex diplomático Federico Gamboa, recibido por el subsecretario de Estado de Cuba y varias veces por el propio mandatario cubano.[15] Gamboa vivió cuatro años en Cuba, hasta 1919. Entre los nuevos asilados también figuraban José María Lozano, secretario de Estado de Huerta, el escritor y poeta Luis G. Urbina —quien se radicó por unos meses en La Habana (1915-1916) y después fue corresponsal de El Heraldo de Cuba en Madrid—, el compositor Manuel M. Ponce y el médico y periodista Luis Lara Pardo.

Gamboa fue durante varios meses presidente del Círculo Mexicano de La Habana o Casino Mexicano de La Habana, un club aristocrático de mexicanos ricos refugiados en la Isla, fundado en 1918 por ochenta y cuatro exiliados. Esta asociación, que se proponía «procurar a los emigrados mexicanos y a sus familiares todas las diversiones sociales que las clases altas y cultas acostumbran»,[16] tuvo entre sus miembros al ingeniero e historiador revisionista Francisco Bulnes, el ya mencionado José María Lozano, Antonio de la Peña, antiguo secretario de la Presidencia mexicana, y el notable orador parlamentario y periodista Francisco M. de Olaguíbel, ex subsecretario de Relaciones Exteriores. Los partidarios de Huerta también fundaron en La Habana un Centro Mexicano de Auxilios Mutuos, del que fue presidente el aristócrata y ex ministro general Carlos Rincón Gallardo, duque de Regla y marqués de Guadalupe.

Entre los más prominentes exiliados huertistas en Cuba figuraban también los generales Manuel Mondragón —artífice del levantamiento militar contra Madero, llegado a La Habana en 1917— y Aureliano Blanquet, quien traicionó al presidente e inspiró su asesinato. Blanquet desembarcó en la capital cubana a mediados de enero de 1919, y organizó una expedición financiada por el ex gobernador de Veracruz, también refugiado en Cuba, Teodoro Dehesa, y los ricos yucatecos José León del Valle, Luis Rosado Vega y Manuel Iriguyen Lara, para luchar contra los constitucionalistas. Los complotados, entre ellos los generales Juan Montaño y Enrique González y los coroneles Francisco Traslosheros y Luis Acosta, salieron en una embarcación del puerto de Bahía Honda, Pinar del Río, el 16 de marzo de ese mismo año. La aventura le costó la vida a Blanquet. El periódico habanero El Mundo había dado a conocer, pocos días antes de su muerte, el manifiesto contrarrevolucionario preparado por este conocido militar huertista.

En su mayoría, los recién llegados eran destacados miembros del clero, la política, el ejército o la intelectualidad, comprometidos con la sangrienta dictadura de Huerta, como el poeta y diplomático de Yucatán Antonio Mediz Bolio y el ex gobernador de esa península, coronel Abel Ortíz Argumedo, quien fue trasladado a la Isla con su inmensa fortuna —además de fondos estatales, federales y de particulares— en el crucero Cuba, en mayo de 1915. Este político, con el apoyo de la oligarquía henequera yucateca, había derrocado al gobierno constitucionalista yucateco para impedir las reformas sociales, aunque en marzo de 1915 fue derrotado por las fuerzas del general Salvador Alvarado. En esa misma embarcación de la Marina de guerra cubana, arribaron a la Isla decenas de yucatecos acaudalados y residentes cubanos que huían del avance de las fuerzas carrancistas sobre la península mexicana. Entre los emigrados yucatecos se encontraban también Avelino Montes y Olegario Molina Solís, los principales propietarios del henequén. Otros encumbrados refugiados en Cuba fueron el arzobispo de Yucatán, Martín Tritschler[17] —también estuvo asilado en La Habana el arzobispo de México, José Morra—, y el general Prisciliano Cortés, gobernador del estado durante el régimen huertista.

Uno de los partidarios de Ortiz Argumedo, Temístocles Correa, ex jefe político de Tizimín, intentó organizar otra expedición armada, en un buque adquirido por su antiguo jefe, para regresar a la península a secundar el levantamiento contrarrevolucionario del general Arturo Garcilazo, en Quintana Roo. Entre los involucrados en este grupo de conspiradores yucatecos que actuaba en La Habana estaba también el ex gobernador Eleuterio Ávila.

Algunos de los exiliados huertistas, enemigos jurados de Carranza, fundaron en la capital cubana la revista mensual conservadora América Española —al parecer solo salió durante unos meses de 1917— dirigida por el militante católico michoacano Francisco Elguero Iturbide, devenido pronto colaborador del periódico habanero Diario de La Marina, donde publicó más de trescientos artículos en su columna «Efemérides históricas y apologéticas». En el mismo diario escribían los emigrados políticos Querido Moheno, abogado chiapaneco y ex ministro de Estado de Huerta, el periodista José Elgueró, y los ya mencionados Francisco M. de Olaguíbel, Antonio de la Peña y Reyes, y Federico Gamboa, quien también fue subdirector de la revista habanera La Reforma Social. Esta última publicación, fundada en 1914 por Orestes Ferrara, editó varios artículos donde se criticaba con dureza la Constitución mexicana de 1917.

Estos años fueron los de mayor entrada de mexicanos a Cuba, que alcanzó su cota máxima entre 1915 y 1917, en correspondencia con la etapa más convulsa de la lucha armada en México. En 1915 se registró el arribo de 714 mexicanos; de ellos, 15 se declararon militares, 21 ingenieros, 25 abogados, 8 maestros, 12 hacendados henequeneros y más de 400 comerciantes, así como 56 sacerdotes y monjas, que huían de las persecuciones religiosas en Yucatán. Al año siguiente, 662, y en 1917, 526. Según los datos del censo, en Cuba se duplicó la presencia de residentes mexicanos entre 1907 y 1919, año este último en que se alcanzó la cifra de 3 469.[18]

Ese fue el contexto en que se publicó en La Habana, en noviembre de 1914, la Carta Pastoral Colectiva,firmada por un nutrido grupo de arzobispos y obispos mexicanos, entre ellos los de México, Oaxaca, Yucatán, Michoacán y Guadalajara. En este texto se pronunciaban contra la actual «persecución religiosa» en México, que impedía «el ejercicio de la jurisdicción eclesiástica» y contra los que se apoderaban «de los bienes eclesiásticos o de sus rentas».[19] Como relata Pérez de Sarmiento en documentado estudio:

El éxodo de los miembros de la Iglesia mexicana no pasó desapercibido y fue ampliamente cubierto por el Diario de la Marina, periódico de carácter conservador, que en su sección matutina y vespertina, titulada «Crónicas del Puerto», publicó reseñas detalladas sobre los desembarques en la capital cubana. En estas se solía destacar sobre todo el arribo de personajes conocidos de la vida mexicana que planeaban residir permanentemente en la isla o bien continuarían viaje hacia otro destino.[20]

Ante el rechazo de una parte de la prensa liberal habanera, que daba a conocer titulares como «Nos invade una ola de clericales», el propio Diario de La Marina divulgó, el 4 de septiembre de 1914, un artículo que llamaba a sus lectores a rechazar esa campaña, pues

ni Cuba en general, ni el Seminario de San Carlos en particular van a ser invadidos por esos cultos sacerdotes, esos jóvenes levitas, esos religiosos ejemplares, pues tienen de sobra quienes les amen y protejan en su desventurada patria; para ellos no será preciso levantar nuevos empréstitos, ni el erario cubano habrá de resentirse de su estancia entre nosotros.[21]

Algunos de los refugiados mexicanos comenzaron a regresar a México desde 1919. La mayoría lo hizo durante el gobierno de Álvaro Obregón (1920-1924), como fue el caso de Salvador Díaz Mirón y Francisco M. Olaguíbel. No obstante, durante la rebelión de Adolfo de la Huerta contra el propio Obregón, entre 1923 y 1924, La Habana volvió a recibir nuevos exiliados y a ser otra vez centro de las actividades de los políticos mexicanos. Por la capital cubana pasó el propio Adolfo de la Huerta, y dejó al general Juan Barragán como su representante, encargado de adquirir armas y preparar expediciones para enviar a México. También estuvieron el periodista Adolfo León Osorio, Gilberto Bosques —quien luego sería embajador en La Habana en los años 50 y principios de los 60—,[22] el científico y diplomático Luis Enrique Erro, así como el político Froylán C. Manjares, constituyente del ala nacionalista del carrancismo. Entre los opositores puede citarse a los generales Rafael Cárdenas, Calixto Ramírez Garrido, Alfonso Aguilar y otros altos oficiales mexicanos. Con posteridad, llegó a Cuba Manuel Sánchez Azcona, vicepresidente del Partido Nacional Antirreeleccionista (PNA), quien después del asesinato de Obregón (1928) fundó en La Habana el Club Mexicano, contrario a Plutarco Elías Calles, en el que figuraron los conocidos políticos carrancistas José Luis Novelo y Roque Estrada, ex secretarios privados de José María Pino Suárez y de Carranza, respectivamente.

Tensiones diplomáticas

La política de sumisión a los dictados de los Estados Unidos que caracterizara al gobierno del presidente Menocal, y sus ostensibles simpatías por los exiliados huertistas, determinaron que Martínez Alomia, el enviado de Carranza, no fuera reconocido y tuviera que ser retirado en julio de 1915. Su sustituto, en calidad de cónsul general y luego como encargado de negocios de México en Cuba, fue Antonio Hernández Ferrer, quien fue aceptado por Menocal como representante oficial del presidente de facto de México, en noviembre de ese año, siguiendo al pie de la letra las indicaciones de Washington, que solo un mes antes había dado su reconocimiento al gobierno de Carranza.

A pesar de ello, las relaciones entre Cuba y México continuaron muy tensas, pues el gobierno de la Isla, cumpliendo instrucciones de los Estados Unidos, fustigó al de Carranza para que rompiera su neutralidad en la Primera guerra mundial y declarara la guerra a Alemania. Esa presión —que incluía restricciones a las importaciones mexicanas de azúcar y otros productos y campañas de prensa acusando a México de inclinaciones germanófilas— alcanzó su punto culminante en octubre de 1917, cuando el gobierno cubano le comunicó al representante mexicano en La Habana que el presidente Menocal consideraba que la postura de México en el conflicto mundial era «contraria, según creía, al restablecimiento de la paz y a la consolidación» del régimen constitucionalista.[23] El gobierno mexicano reaccionó con dignidad y ratificó la independencia de su política exterior, al afirmar: «Por acuerdo del C. Presidente de la República, puede Usted participar a ese Gobierno que el Gobierno de México está dispuesto a conservar su neutralidad, en virtud de no haber recibido ningún agravio de ninguno de los Gobiernos de las naciones beligerantes».[24] Para complicar más las cosas, en abril de 1918 fueron violadas y saqueadas por aduaneros norteamericanos, en el puerto de La Habana, las valijas de diplomáticos mexicanos en tránsito por Cuba, entre ellos el ex canciller carrancista Isidro Fabela, entonces ministro en Argentina. Ello condujo a la retirada del representante mexicano ante el gobierno cubano, Alberto C. Franco, y a la clausura de su legación, según la nota diplomática del 24 de mayo de ese año, aunque no se llegó a la ruptura formal de relaciones.

Este fue el punto de inflexión en las tirantes relaciones entre los dos gobiernos, pues la llegada a Cuba, al año siguiente, del antiguo constituyente Heriberto Jara —quien viajó en la cañonera Zaragoza— para hacerse cargo de la representación mexicana, sin titular desde 1912, significó una cierta distensión.[25]Jara encontró en Cuba un ambiente oficial muy hostil a México, que en su opinión era resultado del

esfuerzo de cuatro elementos: la prensa, los norteamericanos interesados en presentar a México en las condiciones más deplorables, la gran colonia española, mal impresionada por los clérigos españoles expulsados, y por los comerciantes y judíos avaros, y los mexicanos traidores que por el hecho de que no están en el poder, quisieran, para vengarse, que sobre México cayeran las desventuras más grandes. A esto hay que agregar la circulación clandestina de algunos pasquines que circulan en esta capital, y que injurian al Gobierno de la manera más soez, como Revolución, Omega, El Mañana, etc.[26]

No obstante la labor desplegada por Jara para mejorar las relaciones con el gobierno cubano, el presidente Menocal no reconoció al de Obregón en 1920, con el pretexto de los sucesos violentos que habían conducido al asesinato del depuesto presidente Carranza ese mismo año. Por ese motivo, las relaciones cubano-mexicanas no se normalizaron hasta 1924, después que Washington reconoció al de México, a fines de agosto de 1923, tras la firma de los acuerdos de Bucareli.

Los sucesivos presidentes cubanos Alfredo Zayas y Gerardo Machado, siguieron manifestando cierta hostilidad a su homólogo mexicano durante el resto de la década de los 20, en correspondencia con la política norteamericana que presionaba al nuevo mandatario mexicano, Plutarco Elías Calles, por su política nacionalista en materia petrolera. Incluso, entre 1925 y 1927, los Estados Unidos estuvieron a punto de romper sus relaciones diplomáticas con su vecino. Por eso, en la VI Conferencia Panamericana de La Habana, en 1928, la delegación mexicana expresó sus protestas por la postura hostil de los anfitriones cubanos. Así lo reflejó el encargado de negocios de Cuba en México, Ramón Castro Palomino, en un cable enviado a su cancillería el 10 de febrero de 1928:

Hoy visité subsecretario de Relaciones Exteriores [el mexicano Genaro Estrada (SGV)] para insistir nombramiento delegación Conferencia Inmigración […] expúsome que duda hacerlo porque gobierno México está disgustado por tratamiento que dice reciben sus delegados VI Conferencia. Cordial y amistoso expresome resentimiento gobierno mexicano por siguientes causas: que Cuba tolera campaña prensa católicos quienes pretenden hacerse oír VI Conferencia repartiendo proclamas entre delegados; que policía cubana vigila dos delegados mexicanos por suponerlos comunistas los cuales serán llamados en evitación dificultades; que doctor Ferrara hostiliza actuación delegados México; que presidente García manifestó desagrado a doctores Bustamante, Martínez Ortiz; que delegación México tenía instrucciones actuar en armonía delegación cubana y hacer demostración afecto y simpatía a gobierno y pueblo Cuba pero que se ha visto obligada a retraerse por falta ambiente cordial; que no extrañaría esa conducta de otras delegaciones como Venezuela, Perú, los Estados Unidos por dificultades anteriores conocidas, pero sí de parte Cuba dadas excelentes relaciones y carencia problemas internacionales.[27]

A contrapelo de las complicaciones diplomáticas y de la postura de Cuba contraria a los sucesivos gobiernos mexicanos del período, que desafiaban la hegemonía de los Estados Unidos, varias destacadas figuras de la intelectualidad cubana se opusieron a esa política, como se puso de manifiesto en 1919 cuando México fue excluido de la Liga de las Naciones. Una de esas voces fue la del sabio polígrafo Fernando Ortiz, quien abogó, el 4 de febrero de 1920, en la Cámara de Representantes, por la inclusión del país vecino en el organismo internacional. Otro ejemplo fue el doctor Teófilo González Radillo, quien en 1922 publicó en La Habana el folleto titulado La exclusión, donde criticaba la postura de los Estados Unidos dirigida a excluir a México y a otros países de la Liga de las Naciones.

El imaginario de la Revolución mexicana

Después del derrocamiento de la dictadura de Huerta aparecieron en Cuba diversos libros, folletos y artículos que se referían a los problemas de México y al desarrollo de la revolución. En 1915 se distribuyó en La Habana el libro Mi viaje a México. A propósito de la Revolución, del periodista canario Manuel Fernández Cabrera, con prólogo del Conde Kostia y epílogo de Félix F. Palaviccini, ex secretario de Instrucción del gobierno de Carranza y corresponsal del periódico Heraldo de Cuba, dirigido por Márquez Sterling. La obra era favorable a los constitucionalistas y muy en particular a Carranza y Obregón. La «expedición punitiva» norteamericana contra México, en 1916, encontró un extendido rechazo en los medios progresistas cubanos. En distintas publicaciones obreras y liberales aparecieron artículos que denunciaban la política intervencionista de los Estados Unidos. En revistas satíricas, como La Política Cómica y La Metralla, salieron con frecuencia caricaturas que criticaban la injerencia norteamericana y ridiculizaban los intentos por apresar al intrépido Pancho Villa, quien llegó a contar con un representante en La Habana, Agustín Patrón Correa. En esta ciudad también residió por un tiempo su hermano Hipólito, y una de sus esposas, Luz Corral, y su hijo.

Otros libros que contribuyeron a dar a conocer los logros del proceso mexicano y a difundir su imaginario fueron La revolución y el nacionalismo. Todo para todos (1916), del maderista Carlos Trejo Lerdo de Tejada, Mi juicio acerca de la Revolución mexicana (1920), del cónsul Antonio Hernández Ferrer, y Episodios deshilvanados de la vida de un caballero sin ventura (1921), de Jorge Useta. También en ese listado debe figurar el ya mencionado libro Los últimos días del presidente Madero (1917), de Manuel Márquez Sterling —a quien el gobierno de Álvaro Obregón rindió sentido homenaje y luego fue de nuevo embajador de Cuba en México, entre 1929 y 1932—, al que precedieron artículos suyos sobre el mismo tema, aparecidos entre 1914 y 1915 en el periódico La Reforma Social. Desde entonces, se hizo habitual que notables escritores y periodistas de México colaboraran en diferentes publicaciones periódicas cubanas, contribuyendo a divulgar en Cuba las ideas y sucesos de la Revolución mexicana, como hicieron, entre otros autores, Alfonso Reyes, Mariano Azuela, Carlos Pellicer, Jorge Cuesta y Genaro Estrada.

Un lugar especial en la propaganda de la Revolución mexicana en Cuba le correspondió a Yucatán, territorio muy vinculado a la mayor de las Antillas. En diciembre de 1915 apareció en el número 50 de la revista habanera El Fígaro un interesante trabajo titulado «La situación en Yucatán: síntesis», que ofrecía a los lectores un panorama de las realizaciones más importantes emprendidas por el entonces gobernador y comandante militar constitucionalista de esa península, general Salvador Alvarado. Entre las medidas reformistas dictadas por él se encontraban la expropiación de inmuebles eclesiásticos que fueron convertidos en escuelas, la eliminación de la servidumbre indígena, la expulsión de sacerdotes contrarrevolucionarios y el impulso dado a las organizaciones sociales, en particular de trabajadores y mujeres. El autor, Arturo R. Carricarte, elogiaba en ese trabajo la gestión de Alvarado y se refería a la manumisión del indio por la extinción de la deuda hereditaria, a la nacionalización de los ferrocarriles, la proliferación de escuelas, etc. El articulista advertía que esta experiencia yucateca podía ser un anuncio de lo que iba a suceder en todo México cuando terminara la guerra civil.

Las tendencias socialistas en esa región fueron perseguidas por Carranza, lo que obligó, en 1918, al sucesor del general Alvarado en la gobernación de ese estado, Carlos Castro Morales, un líder ferrocarrilero, a buscar refugio en Cuba hasta que pudo regresar después de la muerte del mandatario mexicano. Durante esta coyuntura, Felipe Carrillo Puerto se hizo cargo del gobierno yucateco (1922) y fue el responsable de dar un segundo impulso al programa socialista en la península. Este incluía el rescate de la cultura maya, los trabajos comunales, la aceleración del reparto agrario y la expropiación de las haciendas abandonadas por sus dueños, para entregarlas en cooperativas a los trabajadores. Pero en enero de 1924, cuando pretendía embarcarse hacia Cuba, el líder socialista fue asesinado en medio de una rebelión en su contra organizada por la contrarrevolución.

Por su parte, el novelista y dirigente ferroviario cubano Carlos Loveira —quien había vivido en Yucatán desde febrero de 1913, donde llegó a dirigir la oficina de Información, Propaganda y Trabajo durante el gobierno de Salvador Alvarado— contribuyó a divulgar en la Isla la nueva realidad de ese territorio. Hacia mediados de 1915, regresó a Cuba, enviado por el propio general Alvarado, entonces gobernador de Yucatán, para que representara a los trabajadores de ese estado en un viaje de propaganda que incluía a Cuba, América Central y los Estados Unidos. Dicha comisión tenía como objetivo contrarrestar las campañas que se hacían en el extranjero en contra del constitucionalismo mexicano. En carta al general Alvarado, a quien Loveira se refería como «distinguido amigo y respetable jefe», el escritor cubano le informaba el 18 de septiembre de 1915:

Para entera satisfacción de Ud. […] empiezo esta carta diciéndole que durante los últimos quince días, la prensa de esta capital ha disminuido, casi hasta terminarlos, sus ataques a la causa constitucionalista. Hasta el Diario de la Marina y El Triunfo, dos de los diarios que más rudamente nos combatían, al referirse al 16 de septiembre, lo han hecho en forma conciliadora, beneficiosa casi, para nosotros. Los artículos doctrinarios que por conducto del señor Cónsul he remitido al Cuba, han quedado casi todos sin publicar. Además, la cuestión obrero-socialista se halla medio muerta en La Habana debido a lo recio de la reacción conservadora imperante hoy en toda la República. A causa de lo anterior, he recibido con agrado su orden de marchar a New York. […] en mi opinión y en la de la mayoría de las personas con quienes me relaciono, las tan movidas y cacareadas gestiones pacifistas de los Estados Unidos, al fin vendrán a concluir en el reconocimiento del Primer Jefe. Creo que de esto debe Ud. estar más enterado que yo, pero no obstante, estimo que siempre es bueno que conozca Ud. la opinión predominante en esta celebérrima Habana.[28]

En la capital cubana, Loveira ofreció conferencias en distintos centros obreros y escribió artículos acerca de la realidad mexicana para varios órganos de prensa. En 1917, publicó el libro De los 26 a los 35. Lecciones de la experiencia en la lucha obrera (1908-1917), que contiene un capítulo completo consagrado a la Revolución mexicana, donde elogia la obra del constitucionalismo en Yucatán. También en su novela Juan Criollo y en su libro Socialismo en Yucatán destaca las experiencias de que fue testigo en México. Entre sus artículos pueden mencionarse «Un gobierno socialista en América. En la península de Yucatán», publicado en 1922 en la revista habanera El Fígaro, al que siguió poco después «El socialismo en Yucatán», que apareció en Cuba Contemporánea en el número correspondiente a enero-febrero de 1923. En este, exaltaba el ideario socialista y las transformaciones revolucionarias en ese estado, como los repartos de tierra entre los campesinos desposeídos, el trabajo voluntario para la construcción de caminos, el impulso a la educación popular, laica y racionalista y la formación de nuevos profesores.

También el destacado filósofo cubano Enrique José Varona manifestó sus simpatías por la Revolución mexicana, en respuesta a preguntas formuladas a principios de 1926, por un periodista de El Universal.Expresó que el esfuerzo de México era «el primero en la historia de nuestra América, para elevar a todo un pueblo, a los millones de indígenas mexicanos, a un plano verdaderamente superior de civilización en el orden material y moral». Además, consideró que «el gran esfuerzo de México para poner a salvo sus derechos de soberanía constituye una clara lección y ha de ser un precedente de inestimable valor para todas las naciones débiles, en la vecindad de estados poderosos y nada escrupulosos».[29]

Zapata en Cuba, Cuba en Zapata

El 15 de abril de 1916, el líder agrarista Emiliano Zapata asignó tareas en el exterior a dos jóvenes del Ejército Libertador del Sur: Jenaro Amezcua y Octavio Paz Solórzano, lo que explica la presencia en Cuba del primero entre 1916 y 1920. Como parte de su labor en la Isla, el general Amezcua divulgó —en El Mundo, La Discusión y Solidaridad— los documentos esenciales de la revolución zapatista, entre ellos el Plan de Ayala, el Acta de su ratificación, y el Programa de la Convención Revolucionaria, así como entrevistas y artículos de su autoría o de Antonio Díaz Soto y Gama, tomados del periódico zapatista Sur. Al mismo tiempo, contribuyó a contrarrestar las campañas contra Zapata —presentado por la prensa como el Atila del sur—, al extremo de que ya el 14 de enero de 1918 La Discusión se refería al líder mexicano como «la fuerza moral en la cual confían todos los revolucionarios».[30]

En 1918, Amezcua dio a conocer en La Habana el libro México revolucionario: a los pueblos de Europa y América 1910-1918, con una selección de materiales sobre el movimiento zapatista, que incluía el Plan de Ayala y otros textos de los combatientes de Morelos. Además, difundió una carta con un saludo de Zapata a la Revolución rusa, y opiniones sobre la divulgación en Cuba de su proyecto.[31] La misiva, editada el 1 de mayo de ese año, en el periódico El Mundo, con una fotografía del líder agrarista, decía:

Por los recortes que se sirve adjuntarme, quedo impuesto de la benévola acogida que en la prensa de esa capital han tenido las declaraciones hechas por usted acerca de las finalidades que perseguimos; lo que es un indicio cierto de que la intelectualidad cubana se da cuenta de la importancia de este movimiento regenerador y simpatiza con él abiertamente, al reconocer su indudable justicia. De todas veras celebro que en ese interesante país, hermano del nuestro, repercutan vigorosamente y dejen hondas huellas las reivindicaciones gallardamente sostenidas por el pueblo campesino de esta República de México.[32]

Uno de los órganos de prensa cubanos que prestó mayor atención a la causa agrarista mexicana y al zapatismo fue ¡Tierra! —clausurado por el gobierno de Menocal en 1915—, que tenía vínculos con el periódico Regeneración, del líder anarquista mexicano Ricardo Flores Magón, cuya causa también difundió en Cuba. La publicación obrera habanera había denunciado los crímenes de la dictadura de Huerta y condenado la intervención de los Estados Unidos en Veracruz (abril de 1914). En algunos de los editoriales de ¡Tierra! se llamaba a la solidaridad del proletariado internacional con los trabajadores mexicanos y a rechazar los intentos intervencionistas de la burguesía norteamericana.

En sus páginas se realizó una sostenida campaña por la liberación de los miembros de la Junta del Partido Liberal Mexicano —Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Rivera y Anselmo Figueroa—, presos en los Estados Unidos;[33] se dio a conocer, el 16 de mayo de 1913, el «Manifiesto a la Nación», de Zapata, mientras que en un número anterior, del 10 de agosto de 1912, se había presentado el artículo «La revolución social en México», que señalaba:

Los campos de México son en la actualidad el teatro donde se desarrolla el acontecimiento más trascendental que hayan visto los siglos, el proceso más interesante, más grande, más hermoso que presenciaron los hombres. Las revoluciones habidas hasta la fecha en que los bravos libertarios mexicanos empuñando el pendón rojo y al grito de ¡Tierra y libertad! se lanzaron al campo de la lucha, las revoluciones todas, repetimos, hasta que no se iniciara el movimiento emancipador de México, solo han resultado en beneficio de las clases parasitarias […] Tended la vista en los campos donde se lucha por ¡Tierra y libertad!, anarquistas: pensad un momento en la titánica labor realizada por los gigantes que están en acción en el terreno de la lucha armada.[34]

Poco antes, el 6 de enero de 1912, publicó una carta, fechada en México, del cubano Prudencio Casals, quien se incorporaría al Ejército Libertador del Sur de Emiliano Zapata y alcanzaría, en diciembre de 1913, el grado de coronel.[35] Según los datos proporcionados por los historiadores mexicanos Dulce María Rebolledo y Francisco Pineda, Casals primero se vinculó al Grupo Luz y a la Casa del Obrero, junto con Antonio Díaz Soto y Gama. Se sabe que en el ejército zapatista lo apodaban «El Míster», por su dominio del inglés. Además, desempeñaba funciones de médico, lo que explica que estuviera a cargo del hospital de las Fuerzas Revolucionarias del Sur (1ª zona). Fue también chofer de Villa y Zapata en la ciudad de México, a finales de 1914, y dos años después, con el grado de general, fue designado comandante de la Brigada Roja del Ejército Libertador del Sur. Por orden de Zapata, se quedó en el campamento el día trágico de la emboscada de Chinameca, el 10 de abril de 1919; ello le salvó la vida. Su firma estuvo entre la de los generales zapatistas que comunicaron al pueblo mexicano el vil asesinato del líder agrarista.[36] A este cubano se refería el general Amezcua cuando escribió:

La bella patria de Maceo, de Martí y de tantos otros buenos, tiene despierta nuestra simpatía e interés. Máxime cuando en nuestras filas contamos con un buen cubano, que con nosotros ha luchado con lealtad y abnegación. Ha compartido como hermano nuestras alegrías y penalidades. Por su esfuerzo y adhesión a la causa popular, ha conquistado el afecto del general en jefe y de cuantos le rodeamos.[37]

Solidaridad cubana con los gobiernos de Calles y Cárdenas

El mencionado conflicto abierto desde 1924 entre México y los Estados Unidos, durante el gobierno de Calles, también generó manifestaciones en Cuba de respaldo a los revolucionarios mexicanos, entre ellas las de los intelectuales reunidos en el Grupo Minorista, quienes enviaron, en mayo de 1927, un telegrama de apoyo, firmado, entre otros, por Rubén Martínez Villena, Gustavo Aldereguía y José Z. Tallet, y las externadas por Emilio Roig de Leuchsenring, quien condenó la política intervencionista de los Estados Unidos en el vecino país. En varios artículos de la revista Carteles, en 1926 y 1927, Roig criticó la política norteamericana y las tergiversaciones de la prensa internacional sobre el conflicto, y expresó una opinión favorable sobre la Constitución mexicana de 1917.

El conflicto de Calles con la Iglesia católica también despertó el interés de diversos sectores cubanos. La revista El Anticlerical, órgano oficial de la Federación Anticlerical de Cuba, de la cual fue presidente Julio Antonio Mella, publicó varios editoriales, artículos y reportajes sobre la política callista, dirigida a limitar la poderosa influencia de la Iglesia católica en México. El propio Mella había enviado el 17 de mayo de 1924 un telegrama al general Calles en respaldo a su campaña presidencial, en nombre de la mencionada federación cubana, donde señalaba: «Magna asamblea Federación Anticlerical Cubana estudiantes obreros profesionales espiritistas masones vitorearon Usted acordando enviarle fraternales saludos deseando triunfo candidatura suya para bien ideales libertarios repúblicas hermanas, Julio Mella, Presidente».[38] En un trabajo de su autoría titulado «Desde México. Horizontes de viaje. Modalidades de la campaña anticlerical en México», aparecido en la revista El Anticlerical, el 1 de abril de 1926, Mella hizo un entusiasta reportaje desde el hermano país, en el cual manifestó su satisfacción por las disposiciones anticlericales del gobierno mexicano.

La radicalización de la reforma agraria y otras medidas revolucionarias decretadas durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas, que se extendió de 1934 a 1940, tuvo también una enorme resonancia en Cuba, como ya la había tenido la propia fase armada de la Revolución mexicana de 1910 —y en particular el agrarismo zapatista— y despertó un gran respaldo entre el pueblo cubano, encabezado por sus fuerzas más progresistas. Ese fue el caso de Juan Marinello, quien llegó a escribir:

A mí me satisface mucho que un gobierno como el del general Cárdenas mantenga una ejemplar vigilancia de la garantía democrática y franquee y empuje reales reivindicaciones proletarias. Se sabe lo que es esto cuando se viene de países agobiados por el sable servidor del capitalismo. Cuando se viene de Cuba, por ejemplo.[39]

Una de las más sinceras expresiones de la solidaridad cubana con el México de Cárdenas se produjo en 1938, en apoyo a la expropiación petrolera. El periódico El Pueblo dio a conocer artículos en defensa de la soberanía mexicana, mientras el semanario Mediodía realizó, el 13 de junio de ese año una edición especial en homenaje a México y sus conquistas revolucionarias, con trabajos de Juan Marinello, Salvador Massip, Ángel Augier, Mirta Aguirre, Carlos Rafael Rodríguez y José Luciano Franco, entre otros. En su artículo, este historiador cubano escribió:

Lázaro Cárdenas ha roto, en la vida internacional, con el complejo de inferioridad impuesto a los países de la América Nuestra por los financieros, las compañías anónimas y los agentes del fascismo universal.[40]

El 12 de junio de 1938 se celebró en La Habana un acto multitudinario —asistieron unas sesenta mil personas—, el más importante ocurrido en el mundo para respaldar esa disposición soberana. En esta oportunidad, Cárdenas habló por radio, desde Tampico, a los cubanos que se habían congregado en el estadio La Polar para mostrar su solidaridad con el gobierno mexicano, acosado entonces por las amenazas y represalias de Inglaterra y los Estados Unidos. Entonces dijo:

Mutilada quedaría la autonomía política y espiritual de las Repúblicas Hispanoamericanas de no afirmarse un concepto de solidaridad entre sus pueblos, en la lucha por los ideales de reivindicación social. A México, nada de lo que sucede a los países americanos en sus ansias legítimas de mejoramiento colectivo, puede serle indiferente. Siempre hemos creído que nuestra revolución tiene un sentido humano, y no local, en cuanto significa, en el devenir histórico, la resolución de los problemas económicos que nos afectan en común a los pueblos de uno y otros continentes.[41]

Las medidas radicales del gobierno de Cárdenas, que constituyeron el punto más alto alcanzado por la Revolución mexicana, terminaron por conformar un imaginario revolucionario para los pueblos de América Latina, que aspiraban a dar solución a sus graves problemas, en particular los relacionados con el latifundio y la dominación extranjera sobre los recursos nacionales. Para muchos progresistas y de izquierda, tanto cubanos como de otras regiones del continente, hombres y mujeres que siguieron de cerca la evolución de los acontecimientos en el hermano país, México fue considerado, desde los años 20, la punta de lanza de la revolución latinoamericana, que liquidaría las ancestrales injusticias sociales y la dependencia neocolonial. A esa imagen cantó la poetisa cubana Mirta Aguirre, en versos inspirados por las transformaciones cardenistas: «¡Ah México, el de la liberación que viene /tiñendo de la luz nueva las albas insurrectas!».[42]


[1]. Víctor Raúl Haya de la Torre, El antimperialismo y el APRA, Editorial Monterrico S.A., Lima, 1986, p. 92.

[2]. Véase Pablo Yankelevich, «La Revolución mexicana en el debate político latinoamericano: Ingenieros, Palacios, Haya de la Torre y Mariátegui», Cuadernos Americanos, Universidad Nacional Autónoma de México, México, DF, a. XIX, n. 111, mayo-junio de 2005, pp. 161 y ss.

[3]. José Carlos Mariátegui, Obras completas, t. 8, Empresa Editora Amauta, Lima, 1973, pp. 166-7.

[4]. Véase Manuel Márquez Sterling, Los últimos días del presidente Madero, Imprenta Nacional de Cuba, La Habana, [1960], p. 121. El barco Ipiranga en que viajaba rumbo a Francia el depuesto presidente Díaz hizo escala en La Habana, donde el ex dictador fue recibido por José Francisco Godoy, representante diplomático de México en Cuba. Véase Carlos Tello, El exilio, retrato de una familia, Cal y ARENA, México, 1990.

[5]. Véase Gabriela Pulido Llano, «Un cubano entre la diplomacia y el maderismo. Manuel Márquez Sterling en México», en Enrique Camacho y Margarita Espinosa, coords., México y Cuba: del porfiriato a la revolución. Diplomáticos, diplomacia e historia política (1900-1920), UNAM, México, DF, 2008.

[6]. Manuel Márquez Sterling, ob. cit., p. 203. El ministro cubano en México había escrito al canciller Manuel Sanguily que «el desembarco de un solo soldado cubano precipitaba sobre México la invasión americana y esa gran responsabilidad —añadía el despacho— no he de hacerla pesar sobre el nombre de Cuba ni sobre el mío propio», ibídem, pp. 203-4 (Énfasis del original).

[7]. Ibídem, p. 260.

[8]. Ibídem, p. 229. Márquez Sterling llegó incluso a pernoctar en el Palacio Nacional para proteger a Madero.

[9]. Ídem.

[10]. Citado por Luis Ángel Argüelles Espinosa, «Cuba y la revolución mexicana de 1910», en Varios, México y Cuba. Dos pueblos unidos en la historia, t. I, Centro de Investigación Científica Jorge L. Tamayo, México, DF, 1982, pp. 425-6.

[11]. Manuel Márquez Sterling, ob. cit., p. 293.

[12]. Luis Ángel Argüelles Espinosa, ob. cit., p. 427

[13]. Según Salvador Morales ya en 1912 había en Cuba medio centenar de exiliados mexicanos de distintas tendencias políticas. Véase su libro Relaciones interferidas. México y el Caribe, 1813-1982,Secretaría de Relaciones Exteriores, México, DF, 2002, p. 237.

[14]. Indra Labardini Fragoso, «El régimen de Venustiano Carranza. Una manera de ejercer la política mexicana: el caso de Cuba (1913-1920)», Ponencia presentada en el Taller internacional Revoluciones e independencia en la Historia de América Latina y el Caribe, Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC), La Habana, 9-12 de diciembre de 2008, p. 2.

[15]. Ibídem, p. 5. Se sabe que el gobierno cubano le ofreció una pensión a Díaz Mirón. Labardini dice que Gamboa fue muy amigo de Rafael Montoro, secretario de la presidencia de Menocal y antiguo autonomista. En abril de 1918, cuando Gamboa pasó a presidir el Casino Mexicano de La Habana, el propio presidente de la República envió al acto a un representante oficial. Véase también Federico Gamboa, Mi diario VI (1912-1919), Memorias Mexicanas/Conaculta, México, DF, 1995.

[16]. Victoria Novelo, Yucatecos en Cuba: etnografía de una migración, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)/Instituto de Cultura de Yucatán, México, DF, 2009, p. 80.

[17]. Sobre su vida en Cuba, donde residió hasta el 12 de mayo de 1919, véase Marisa Pérez de Sarmiento, «El exilio de Martín Tritschler y Córdova, arzobispo de Yucatán, en La Habana, Cuba», en Enrique Camacho y Margarita Espinosa, ob. cit. Tritschler llegó a La Habana en el verano de 1914, procedente de Progreso, en el vapor Esperanza, acompañado del obispo Carlos de Jesús Mejía y varios sacerdotes.

[18]. Véase Victoria Novelo, ob. cit., pp. 58, 77, 206-7.

[19]. Marisa Pérez de Sarmiento, ob. cit., p. 251.

[20]. Ibídem, p. 254.

[21]. Ibídem, p. 255.

[22]. Sobre su gestión como embajador en La Habana puede consultarse su propio testimonio en Gilberto Bosques, Cuba 1953-1964, El Colegio de Jalisco, Zapopan, 2007.

[23]. Indra Labardini Fragoso, ob. cit., p. 7.

[24]. Ibídem, p. 8.

[25]. Véase Indra Labardini Fragoso, «Heriberto Jara, un general de división como ministro para la reconciliación con Cuba (1919)», en Enrique Camacho y Margarita Espinosa, ob. cit.

[26]. Ibídem, p. 298.

[27]. Salvador Morales, ob. cit., p. 295.

[28]. Citado por Victoria Novelo, ob. cit., pp. 78-9. El Diario de La Marina había estado publicando los artículos contrarrevolucionarios de Aldo Baroni, de lo que se quejó el representante de Carranza en La Habana, en 1916. Otros diarios habaneros contrarios al constitucionalismo eran entonces El Mundo, La Discusión, La Prensa y el conservador El Día. Una opinión más favorable difundían El Triunfo y Cuba. Véase Salvador Morales, ob. cit., p. 250.

[29]. Luis Ángel Argüelles Espinosa, ob. cit., p. 437.

[30]. Salvador Morales, ob. cit., p. 254.

[31]. Emiliano Zapata, Cartas, Ediciones Antorcha, México, DF, 1987, pp. 83-6.

[32]. Citado por Dulce María Rebolledo y Francisco Pineda, «Rebeldías sin fronteras: el zapatismo y Cuba. 1916-1920», Chacmool. Cuadernos de trabajo cubano-mexicanos, n. IV, Imagen Contemporánea, La Habana, 2006, p. 25.

[33]. En 1924, Enrique Flores Magón participó como representante de los comunistas mexicanos en la fundación del Partido Comunista de Cuba.

[34]. Citado por Dulce María Rebolledo y Francisco Pineda, ob. cit., p. 17.

[35]. Ibídem, p. 17. Sobre este combatiente cubano no hay muchos datos. Al parecer, había luchado en la guerra de independencia de Cuba y se trasladó a la capital de México hacia 1908, donde laboró en la imprenta de Luis Méndez hasta el estallido de la Revolución. Participó en el movimiento sindical mexicano de esos años, que lo vincularon con los hermanos Flores Magón, lo que explica su participación en la incursión armada magonista en Baja California (enero-junio de 1911) procedente de los Estados Unidos. Murió en la ciudad de México, el 9 de octubre de 1949.

[36]. Ibídem, p. 18.

[37]. Véase «La Revolución del Sur se extiende por todo México» (entrevista al general Jenaro Amezcua), La Discusión, La Habana, 15 de abril de 1918; México revolucionario: a los pueblos de Europa y América 1910-1918, Imprenta Espinosa, Ferré & Co. La Habana, [1918], p. 169. Véase Dulce María Rebolledo y Francisco Pineda, ob. cit., p. 27.

[38]. Calles le contestó a vuelta de correo: «Sr. Julio Mella, Presidente, Fed. Anticlerical Cubana, Havana, Cuba: Recibido con agradecimiento suyo relativo Asamblea verificó esa Federación, Afectuosamente, Gral. P. Elias Calles», citado por Christine Hatzky, ob. cit., p. 204.

[39]. Varios, México y Cuba. Dos pueblos unidos en la historia, t. II, ob. cit., pp. 35-6.

[40]. José Luciano Franco, «México en el panorama internacional», Mediodía, n. 72, La Habana, 13 de junio de 1938, p. 18. Ese mismo año se fundó en La Habana la Sociedad de Amigos del Pueblo Mexicano, presidida por Salvador Massip.

[41]. Ángel Gutiérrez, Cuba en el pensamiento de Lázaro Cárdenas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo/Universidad de La Habana, Morelia-La Habana, 1995, pp. 67-8.

Acordo Mercosul-UE: “Incautos da periferia” (Por P. Nogueira B. Jr.)

Transcorreu de forma opaca a negociação entre União Europeia e Mercosul, concluída na semana passada. Ainda são muito incompletas as informações sobre diversas questões que costumam estar em jogo em acordos desse tipo. Como o acordo depende de aprovação parlamentar, é da maior importância que deputados e senadores peçam desde logo o seu envio ao Congresso e convoquem os negociadores para prestar contas em audiências públicas.

Apesar da falta de transparência, é possível antecipar os contornos do que foi negociado, pois as tentativas de chegar a um acordo entre os dois blocos remontam aos tempos de Fernando H. Cardoso e alguns dos resultados da negociação já foram divulgados. Os sinais não são positivos para nós.

Não estamos diante de um acordo de “livre-comércio”, como se divulga na imprensa. Essa designação enganosa sugere que removeremos por completo as barreiras ao comércio de bens entre os dois blocos. Algumas barreiras serão, de fato, eliminadas ou reduzidas, principalmente, ao que parece, do lado do Mercosul. Mas os europeus fizeram questão de preservar, em caráter permanente, importantes proteções à sua agricultura, área onde o Mercosul tem capacidade de competição.

As vantagens para nós parecem ser em grande parte ilusórias. Afirma-se, por exemplo, que quase todas as nossas exportações industriais ficarão livres de tarifas, sem dizer, porém, que as tarifas aplicadas sobre esse tipo de produto já são muito baixas na Europa.

Além disso, o acordo vai muito além da liberalização do comércio de bens, pois abarca uma série de outros temas estratégicos, como serviços, investimentos, licitações públicas e compras governamentais, patentes e propriedade intelectual, questões sanitárias, entre diversas outras.

O risco que corremos é o de amarrar em acordo internacional, de forma irreversível ou difícil de reverter, toda uma série de políticas públicas essenciais para nosso desenvolvimento. Se o acordo for ratificado, o resultado será uma grande perda de soberania em troca de acesso adicional modesto a mercados europeus.

acordo Mercosul-União Europeia segue, em larga medida, o modelo geral da Alca (Área de Livre Comércio das Américas), lançada pelos Estados Unidos nos anos 90, que incluía todo um conjunto de normas detalhadas, nas áreas acima citadas, em troca de poucas vantagens comerciais nos Estados Unidos.

Outro risco agora é que os EUA e demais países desenvolvidos queiram fazer acordos semelhantes com o Mercosul para evitar que os europeus levem vantagem nos mercados do bloco sul-americano. À medida que isso ocorrer, ficará agravada a perda de autonomia na definição das políticas de desenvolvimento.

O leitor poderá perguntar, perplexo: europeus e americanos pensam, então, que somos idiotas? Talvez. Eles contam, provavelmente, com o nosso fascínio atávico por aspectos intangíveis, etéreos desse tipo de negociação, entre eles o “prestígio” de fechar acordos com os principais países, a inserção no mundo “globalizado”, o sinal de “confiança” para os mercados e investidores internacionais etc.

Portanto, não será motivo de surpresa se, após examinar o acordo, chegarmos à conclusão de que ele interessa muito mais aos europeus do que a nós. Nesta fase final da negociação, tínhamos um governo fraco na Argentina e um governo despreparado no Brasil, presas fáceis para os engodos que os desenvolvidos armam para consumo na periferia incauta.

Estamos reproduzindo, tudo indica, um padrão de “negociação” (nem sei se o termo cabe) encontradiço na América Latina. Desde os tempos em que caravelas chegavam às nossas praias, indígenas deslumbrados trocavam suas terras, riquezas, liberdades por espelhinhos e outras novidades.

Museu de grandes novidades.


Fonte: https://www1.folha.uol.com.br/opiniao/2019/07/incautos-da-periferia.shtml?utm_source=whatsapp&utm_medium=social&utm_campaign=compwa&fbclid=IwAR1JUWjD7lULF3ToL-BjhZsx0Swd9XwAi3fPmf4KCAOJ-swYXWXeJ7YAo_U

¿Cuál es el “principal problema” que el Paraguay tiene para renegociar Itaipu con Brasil? (por G.Codas)

Desde que la campaña electoral de 2008 de Fernando Lugo propuso seriamente la renegociación de Itaipu, y desde que Lula aceptó en abril de ese año abrir una mesa con la agenda de seis puntos propuestos por Paraguay, surge periódicamente la discusión sobre “cuál es el principal problema” que deberá enfrentar nuestro país en esa negociación.

En el comienzo del gobierno Lugo hubo quien propuso contratar negociadores extranjeros. Ahora, el presidente Abdo ya consiguió uno de gran prestigio internacional, según fue informado.

Hay quienes dicen que lo que define en esa negociación es “patriotismo” Vs. “traición a la patria”, “50 Herz” Vs. “60 Herz” (metafóricamente, la frecuencia de la electricidad que se usa en Paraguay Vs. la que se usa en Brasil), nacionalismo o colonia brasileña. 

Otros creen que el problema es que nuestros negociadores son sobornados. Negocian no por el país sino por ventajas personales. Habría que tener personas honestas en nuestra representación, entonces. 

Muchos descuentan que el principal problema será nuestra contraparte, el Brasil, y sus negociadores. Que nos habrían quitado ventaja a lo largo de 50 años – para no hablar de conflictos más graves, aún anteriores.

La tesis que defiendo es que “el principal problema” del Paraguay es otro en la renegociación de Itaipu. Para enunciarlo voy a recurrir a un hecho anecdótico. En las primeras reuniones de negociación, ocurridas en la Usina de Itaipu, en el último trimestre del 2008, la delegación paraguaya estuvo presidida por el vice-canciller Jorge Lara Castro y la del Brasil por el ministro de Minas y Energia Edson Lobão.

Los que lideran las negociaciones abren las reuniones cada uno marcando pautas. En una de ellas, Lara Castro comenzó diciendo – cito de memoria – que los brasileños debían entender que estaban frente a un equipo paraguayo diferente de los que habían negociado hasta entonces. Que la conducción de la política paraguaya había cambiado radicalmente en el 2008, en términos políticos, éticos y de proyecto de nación etc.. La trayectoria del equipo negociador – la gran mayoría formada por gente crítica al Tratado de Itaipu de 1973 y a la dictadura de Stroessner – abonaba esa tesis. 

En respuesta, el ministro Lobão en su turno dijo enfático: “Pues yo quiero que Uds. entiendan que ¡la política brasileña es la misma hace 500 años!”. Era un anuncio de negociaciones durísimas, y así fueron en ese período.

De hecho, en la ronda de negociación que hubo em Brasília en enero del 2009 el Brasil “de los 500 años” presentó su contra-propuesta. No atendía para nada los seis puntos paraguayos, pero apuntaba a otros beneficios (reales o supuestos) en la relación bilateral . Hay que decir que esa propuesta tuvo eco positivo en el lado paraguayo en gente que no estaba em el equipo negociador. 

Cuatro días después el presidente Lugo en conversación directa con el presidente Lula en Belem do Pará, reencauzó la negociación hacia la agenda propuesta por nuestro país.

El principal problema – no el único – que el Paraguay tiene para la negociación de Itaipu está en el Paraguay. Y es ¿cuál proyecto de país tenemos los paraguayos?¿Un país de inclusión social, con reforma agraria e industrialización, donde se respete la democracia política y se fortalezca la soberanía nacional con integración regional, o un país al servicio de una minoria que no duda de defender sus intereses en vez de los de la nación? ¿Quienes están sentados a la mesa en representación del Paraguay expresan cuál proyecto de país? De eso dependerá en gran parte la negociación y sus resultados.

Lo que hizo diferente la negociación de 2008-9 a las anteriores fue eso. El gobierno expresaba otra visión de Paraguay. Y los resultados conseguidos en el acuerdo del 25 de julio del 2009 mostraron el potencial que tiene ese proyecto de país que se animó en abril del 2008 y se frustró en junio del 2012.

Post-Data. Una estudiante de post graduación de Brasil elaboró una estadística sobre las publicaciones de la prensa paraguaya en la primera década y media de este siglo en relación a Itaipu. Su conclusión fue  que esos grupos empresariales de la comunicación eran ardientes defensores del nacionalismo paraguayo con fuertes posiciones de rechazo al imperialismo brasileño. Lástima que ella no hiciera igual relevamiento sobre la posición editorial en relación al tema de la lucha de lo campesinos paraguayos para revertir la tenencia ilegal de la tierra en manos de grandes propietarios extranjeros – en gran parte brasileños. Su conclusión sería otra, totalmente. Lo mismo algunas agremiaciones empresariales hacen declaraciones “patrióticas” en relación a Itaipu, pero cuando en octubre del 2011 la asesoría jurídica de la presidencia del gobierno Lugo redactó el decreto reglamentario de la ley de fronteras – que crea una faja de seguridad donde los extranjeros no pueden ser propietarios – aprobada en el gobierno Nicanor, esos mismos gremios hicieron gran escándalo como si se tratara de un ataque al derecho a la propiedad privada.   En ambos casos, se trata de un “patriotismo” con comillas, solo se aplica cuando los  intereses de la nación coinciden con los intereses privados de esos “patriotas”.

Bolsonarismo: volta o espectro fascista? (por G. Codas)

Uma das discussões pendentes em relação à conjuntura brasileira é a caracterização política do bolsonarismo. Seria uma corrente política fascista (como os partidos do Mussolini e Hitler), neofascista (como tem surgido na Europa nos últimos anos) ou qual seria sua natureza?

Entre historiadores há pelo menos duas características que distanciariam o bolsonarismo do fascismo dos anos 1920-1930: a adoção do liberalismo econômico, já que aquelas experiências foram de capitalismo corporativista-estatista, e a falta de organização de seus aderentes em estruturas paramilitares violentas. O debate está longe de finalizar, inclusive porque o bolsonarismo ainda está em processo de formação, de corrente política marginal com vínculos com as milícias cariocas para constituir um bloco governante em nível nacional.

A questão despertou o interesse de editoras em publicar textos de época que trazem os debates das décadas 1920-1930 do fascismo clássico. Recentemente foram publicados textos do comunista russo de origem ucraniano Leon Trotsky (1879-1940), escritos em 1930-1934 em um volume com o título Como Esmagar o Fascismo, e três documentos redigidos pela comunista alemã Clara Zetkin (1857-1933) em 1923, no livro Como Nasce e Morre o Fascismo. E em As Origens do Fascismo foram reunidos artigos redigidos ao longo da década de 1920 pelo marxista peruano José Carlos Mariategui (1894-1930), quem viveu na Itália entre 1919-1923, periodo de formação do partido fascista e ascensão do Mussolini ao poder.

Nesses textos escritos ao calor dos acontecimentos são analisados temas-chave como a composição social do fascismo, sua penetração em camadas populares e nas classes médias, sua organização paramilitar, seu ideário nacionalista autoritário, sua estratégia de combate às organizações e às ideologias operárias de esquerda, e seus compromissos com o grande capital. E estão, sobretudo, os dilemas das esquerdas sobre como enfrentar esse desafio.

O debate sobre fascismo na América Latina ressurgiu na América Latina anos 1960-1970 quando o mapa regional foi tomado por ditaduras militares de direita. Eram fascistas? Por que tinham se generalizado esses regimes ditatoriais?

Nesse contexto o sociólogo brasileiro Theotônio dos Santos (1936-2018) publicou em 1977 no México o livro Socialismo ou Fascismo: o novo caráter da dependência e o dilema latino-americano, que somente foi traduzido para o português e publicado no Brasil em 2018, mais de quarenta anos depois da sua edição original, poucas semanas antes do falecimento do autor. Antes, em 1971, Florestan Fernandes escreve “Notas sobre o fascismo na América Latina”, publicado recentemente no volume Poder e Contrapoder na América Latina.

Em um debate no Sindicato de Jornalistas de São Paulo em 1984, no lançamento do documentário Em Nome da Segurança Nacional do diretor Renato Tapajós, o jornalista Alipio Freire afirmou que “no Brasil, os liberais são fascistas de férias”. Tentava explicar por que tão facilmente esses setores que normalmente se apresentavam como democratas aderiam, como fizeram em 1964, a soluções autoritárias para impor sua agenda econômico-social de exclusão das maiorias. Aqueles eram tempos de luta pelo fim da ditadura e ensejo de transição democrática.

É necessário voltar aos debates sobre o fascismo clássico e os regimes autoritários que assolaram nossos países. Vejamos se neles há chaves explicativas que ajudem a derrotar o bolsonarismo. Será que, nos termos de Alípio, em 2018 os liberais brasileiros “voltaram das férias”?

Serviço

Fernandes, Florestan.  Poder e Contrapoder na América Latina. São Paulo: Expressão Popular, 2015.  Com apresentação de Adelar João Pizetta.

Mariategui, José Carlos. As Origens do Fascismo. São Paulo: Alameda, 2010. Organização, tradução, prefácio e notas de Luiz Bernardo Pericás.

Mussolini, Benito. A Doutrina do Fascismo & Leon Trotsky.  O fascismo. O que é e como combatê-lo. Rio de Janeiro: Nova Fronteira, 2019. Com prefácio de Alberto da Costa e Silva.

Santos, Theotonio dos. Socialismo ou Fascismo: o novo caráter da dependência e o dilema latino-americano. Florianópolis: Insular, 2018. Com apresentação de Nildo Ouriques.

Trotsky, Leon. Como Esmagar o Fascismo. São Paulo: Autonomia Literária, 2019. Tradução de Aldo Sauda e Mario Pedrosa. Com introdução de Henrique Carneiro e artigos de contextualização do debate de Chris Harman.

Zetkin, Clara. Como Nasce e Morre o Fascismo. São Paulo: Autonomia Literária, 2019. Com prefácio de Maria Lygia Quartim de Moraes, apresentação de Demian Melo, introdução de Mike Taber e John Riddell.


Artigo publicado originalmente no saite da FPA: https://fpabramo.org.br/2019/06/21/bolsonarismo-volta-o-espectro-fascista/

“Más allá de los monstruos”, un libro para leer la coyuntura latinoamericana actual

Fue lanzando hoy en las redes el libro “Más allá de los monstruos. Entre lo nuevo que no termina de nacer y lo Viejo que no termina de morir”  coordinado por Matías Caciabue y Katu Arkonada (Rio Cuarto, Argentina: Ed. UniRio)

Clique aquí para descargar gratuitamente el libro

Contenido del libro

A modo de presentación, por los coordinadores
Prólogo – Por Aram Aharonian

Primera sección – El momento actual del Mundo y Nuestramérica

  • Geopolítica del capitalismo contemporáneo y la puja entre proyectos estratégicos – Por Matías Caciabue
  • El Orden Internacional en Desconfiguración, Desarreglo y Declinación – Por Helena Argirakis Jordán
  • China y su relación con EE. UU.: ¿declive de un imperio y nacimiento de otro? – Por Sabino Vaca Narvaja
  • Colonialismo 2.0 en América Latina y el Caribe: ¿qué hacer? – Por Rosa Miriam Elizalde
  • ¿Cuáles serán las nuevas estrategias y tácticas de la izquierda para derrotar la contraofensiva imperial? – Por Hugo Moldiz Mercado
  • El ciclo progresista nuestroamericano: aportes para un debate teórico-político de nuestro tiempo – Por Atilio A. Boron y Paula Klachko
  • De una América Latina Feminista a los Feminismos Latinoamericanos – Por Abril García Mur
  • Género con clase: feminismo y clase obrera – Por Claudia Lazzaro

Segunda sección – Realidades Nacionales

  • El México de López Obrador: reformismo, ruptura, y construcción de hegemonía – Por Katu Arkonada
  • México: por los caminos de la Cuarta Transformación – Por Luis Hernández Navarro
  • Reflexiones sobre el nuevo escenario argentino – Por Paula Giménez
  • El neoliberalismo de Cambiemos: entre la crisis económica y su proyecto político refundacional – Por Aldana Martino
  • El Gobierno Bolsonaro y la izquierda brasileña – Por Valter Pomar
  • La contrarrevolución en Brasil. Una aproximación latinoamericana – Por Gustavo Codas
  • Manual de análisis para las batallas venezolanas – Por Marco Teruggi
  • El contramanual del chavismo para enfrentar el golpe continuado – Por William Serafino y Franco Vielma, de “Misión Verdad” (Venezuela)
  • Bolivia: liderazgo, luchas sociales y clases medias populares – Por Juan Carlos Pinto Quintanilla
  • Crónica de una traición: el caso ecuatoriano – Por Gabriela Rivadeneira Burbano
  • Colombia: entre la guerra, la pacificación y la paz – Por María Fernanda Barreto
  • El Frente Amplio en la encrucijada y la necesidad de profundizar – Por Gabriel Bermúdez y Nicolás Centurión
  • Debates en torno a la unidad de la izquierda en base a la experiencia del Frente Amplio en Uruguay – Por Sebastián Valdomir

Sobre los autores

http://www.unirioeditora.com.ar/wp-content/uploads/2019/06/Más-allá-de-los-monstruos-UniR%C3%ADo-editora.pdf

Os tropeços no caminho do Brasil rumo à OCDE (por Antonio Freitas)

(www.nexojornal.com.br)  Tentativa de entrada no ‘clube dos ricos’ da política internacional vem sendo frustrada. Diante da recusa da organização, cabe a pergunta sobre qual o interesse do país nesta adesão

Link para matéria: https://www.nexojornal.com.br/ensaio/2017/Os-trope%C3%A7os-no-caminho-do-Brasil-rumo-%C3%A0-OCDE?utm_source=socialbttns&utm_medium=article_share&utm_campaign=self

Rodrik, Cartes y el “Depende” en Economía (por Gustavo Codas)

Una reseña publicada en la revista semanal paulista Carta Capital (29.nov.17) sobre el reciente texto “Salvando a la economia del neoliberalismo” (*) del economista turco Dani Rodrik, me alertó para esta frase del autor: “Good economists know that the correct answer to any question in economics is: it depends.” (“Buenos economistas saben que la respuestas correcta para cualquier cuestión en economía es: depende”) .

Me recordó un curioso “duelo” (por llamarlo de alguna manera) en el que participé en el año 1978 en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Acababa de ingresar a la carrera y la principal materia del primer año era Economia I (o algo así), dada por un profesor exigente, el Profesor Cartes, que era considerado, según supe, un “manchesteriano”. Es decir, un partidario del leseferismo , el libre mercado, la doctrina liberal del siglo XIX.

Me gustaban sus clases, pero rapidamente me vi involucrado en una situación polémica. El Profesor Cartes, no se si por convicción o por una peculiar didáctica nomás, nos decía que (cito de memoria) “un buen economista, cuando se la hace una pregunta, ¡antes de pensar en la respuesta!, responde: ‘oferta y demanda,’ y después piensa por qué esa es la respuesta correcta y completa el argumento”.

Yo tenía, desde antes de entrar, muy mala opinión de la Facultad y de toda la educación superior en Paraguay. Para entender eso hay que recordar que la UNA estaba casi totalmente coloradizada, lo que redundó en mediocridad y corrupción académica, y mi Facultad, en especial, funcionaba como una extensión del clientelismo de la ANR y como un anexo de seccionales coloradas.

Así que por ímpetud juvenil y por precaución intelectual, antes de ingresar a Economía, en las vacaciones de verano 1977-78, me encerré en una pieza y leí y estudié a fondo y por entero dos libros: uno, el principal manual liberal-keynesiano, “Curso de Economía Moderna” (Madrid: Ed. Aguilar) del economista norteamericano y premio Nóbel Paul Samuelson, y el otro, un manual de economía crítica, el “Tratado de Economía Marxista” (México: Ed. Era) en dos volúmenes, del economista marxista belga Ernest Mandel. Mi pretensión era saber por mi cuenta, ¡antes de entrar a la facultad!, todo lo que me iban a enseñar y desde una perspectiva amplia que abarcaba todo el arco teórico-ideológico, del liberalismo al marxismo. Es así que no podía aceptar la regla del Profesor Cartes.

Era el primer curso y éramos muchos porque reunía en la misma sala a estudiantes de Economía pero también de Administración y Contabilidad. Las clases se daban en un salón de actos, con el profesor hablando con micrófono en mano. En una oportunidad levanté la mano y le pregunté algo sobre la materia que estaba desarrollando. Obviamente me lanzó: “Responda Ud., Codas”, esperando que le dijera su respuesta estándar. Le retruqué un educado pero provocador: “Pregunto porque no sé, profesor”. Entonces, él le hizo la pregunta al auditorio. Se levantó un compañero y respondió correctamente: “¡oferta y demanda!”. Entonces, el profesor Cartes me dirigió un desafiador: “Responda Ud. ahora, Codas…” para que le siguiera el hilo al colega. Pero mi respuesta fue: “Continuo sin saber…”. Pero no se dejó desbordar así que él mismo profundizó el tema.

Según recuerdo hubo otros momentos donde volvimos a ese ping pong. Pero el profesor Cartes tendría la oportunidad de darme un jaque mate: el exámen final. En aquella época era oral y frente a una banca de profesores. Quitábamos una “bolilla” o tema, desarrollábamos lo que sabíamos del asunto y después podía haber preguntas de la banca. Fue en ese parte, al final, cuando el profesor Cartes me lanzó una cuestión que propiciaba que le diga su esperada respuesta. Oyó, sin embargo, un “¡Depende!”. En ese instante creo recordar que lo ví entre que tomado por un susto y al borde de un ataque cardiaco, lo que me llevó rápidamente a completar (cito de memoria): “…. porque si hace esa pregunta en relación a una comunidad aislada en una pequeña isla del Pacífico, la respuesta sería…. Pero si se refiere a una sociedad con relaciones mercantiles e inserta en el mercado mundial la respuesta sería oferta y demanda porque….”. Lo que le devolvió calma.

Terminando el año y el exámen, me dio un “5” (nota más alta sólo había el exquisito “5 felicitado”, así que lo consideré un elogio). Nunca más hablé con el profesor Cartes. Pero guardo buenos recuerdos suyos, de sus aulas, porque más allá de sus convicciones “manchesterianas”, y de su referida didáctica, respetaba y valoraba el debate académico. Lo que era mucho decir en aquellos años tenebrosos de la dictadura estronista y de la mediocridad intelectual de aquella clase dirigente que gobernaba el país .

(*)  Nota: El artículo original está en: http://bostonreview.net/class-inequality/dani-rodrik-rescuing-economics-neoliberalism